“El mensaje de Dios” anuncia el Apocalipsis.

Nos hallamos en el período anunciado en las Sagradas Escrituras para el Fin de la Historia. Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel, San Mateo, San Lucas, San Marcos, San Juan, San Pablo, San Pedro… sitúan nuestro tiempo como el desenlace final a esta forma de vida. Y presentan un plan detallado de la reconstrucción del Reinado de Jesucristo, el Hijo de Dios en la Tierra. El acontecimiento de la Parusía contempla la Segunda Venida en Cuerpo y Espíritu de Jesucristo.

Dios se anticipa al juicio que pronuncia, el Señor tiene el esquema de la humanidad, la Cronología de la Creación es obra de Dios. La Biblia indica el dominio de Dios sobre el mundo, narra un proceso mundial, una visión completa del origen y el destino de los seres humanos.

El Apocalipsis, anunciado por el Apóstol San Juan, le pertenece a esta generación que ya lo está viviendo. Jesucristo se manifiesta por una revelación espiritual y el tiempo elegido inicia los procesos: “Ahora ven, escríbelo en una tablilla, grábalo en un libro, y que dure hasta el último día, para testimonio hasta siempre.” (Is. 30, 8). El Señor Jesucristo ordena dar testimonio y sus siervos obedecen.

En las Sagradas Escrituras, el castigo se aplica a los seres humanos de principio a fin. La condena por Dios para el fin del mundo, es consecuencia de la conducta antinatural de aquellos que se hacen llamar cristianos sin serlo. La mentira es el signo de este tiempo, por este medio se ha llegado a una situación sin precedentes en la Historia de la humanidad, ahora todo es mentira en la Tierra. La mentira, al contrario de la verdad, está unida a la nada y al mal. El ser humano que rechaza la Verdad se somete al jefe de todos los enemigos de Dios, al diablo. Jesucristo, a Satanás, le llama: “Mentiroso y padre de la mentira.” (Jn. 8, 44). Los seres humanos han rechazado a Dios que es la Verdad Suprema y elegido la mentira, a Satanás para desenvolverse en la vida.

La traición a Dios tendrá unas consecuencias terroríficas. Es la justa venganza de un Dios despreciado y difamado a través de la Historia. Hace 2000 años, Dios concede a los seres humanos una figura a imitar, un ejemplo de vida con el poder de cambiar la vida a los hombres y proporcionarlos la Vida Eterna. La Verdad requería un cambio, pero el común de los mortales prefiere matar al mensajero de la Verdad en lugar de hacer el cambio. Incomprensiblemente los arquitectos de esta forma de vida desecharon la “Piedra angular” (Hch. 4, 11), del mundo. Y, ahora, el mundo se desploma, sin Jesucristo.

Gabriel Arcángel explica a Daniel cómo y cuándo sería el fin de esta forma de vida: “Hombre, debes comprender que la visión se refiere al tiempo final.” (Dn. 8, 17). Ha llegado la hora del cumplimiento de todas las profecías y de todo lo que concierne al fin del mundo. Este tiempo de la desgracia es oráculo de Dios. El Señor anuncia a los hombres: “Mirad a las naciones, contemplad, quedad estupefactos, atónitos: voy a hacer una obra en vuestros días que no creeríais si os la contasen.” (Ha. 1, 5). La revelación se cumplirá en la fecha fijada por los Profetas, como prueba de la fidelidad de Dios. La visión emplaza, para este tiempo, la palabra de Yahvé, provista de una energía propia: expresa una Palabra de Dios que tiene que realizarse de inmediato.

Nos hallamos en la lucha final entre el mundo visible, nuestro mundo y el invisible donde habita Dios. Satanás gobierna la Tierra, ha apartado a la humanidad de la adoración verdadera. El reinado del príncipe de este mundo ha llegado a su fin, esta forma de vida tiene los días contados, se está agotando de una forma sobrenatural y misteriosa. Jesús predijo que  todo lo que está ocurriendo pasaría justo antes de su llegada a la Tierra. Nostradamus vaticina un cataclismo y, como efecto, un cambio en la Tierra sin precedentes. Por fin reinará la Paz. Dicen que los mayas proporcionaban la fecha del Fin para el 21 de diciembre del año 2012. Pero el cambio programado desde el inicio de la humanidad no será ni en un día ni en dos. La Biblia revela un periodo de tiempo que ha sido determinado por Dios Nuestro Señor, sin especificar su duración.

San Malaquías diseñó una lista de los Papas que liderarían la Iglesia Católica. Los expertos de la profecía de San Malaquías indicaban a Benedicto XVI como el último Papa, conforme a lo notoriamente conocido. ¿Qué ha pasado, se ha equivocado San Malaquías? Sabemos que el Señor Nuestro Dios permite alguna que otra pequeña equivocación a sus elegidos, en este caso quizás para crear falsas esperanzas. La palabra esencial y única procede de Dios, las Sagradas Escrituras no se equivocan jamás. Por ello, sabemos que estamos viviendo la Parusía, el acontecimiento esperado para el fin de la Historia. A la espera de un Papa y, un hombre, absurdo y extraño, poseído por el demonio. ¿Francisco no está poseído por el demonio? no es quien anuncia Daniel, que dirá palabras absurdas y hará el ridículo en el Vaticano: “Tenía ojos humanos y una boca que decía barbaridades:” (Dn. 7, 8.). El Papa Francisco será pronto, muy pronto “quitado de en medio.” (2Ts. 2, 6). Correrá la misma suerte que Juan Pablo I, será asesinado. La lucha por el poder de los Anticristo, de la Iglesia Católica, hará posible a Satanás sentarse en el trono del Vaticano. “Y proclamar que él mismo es Dios.” (2Ts. 2, 3- 4).

El Papa Francisco elige una indumentaria sencilla contraria a la tradicional, de pomposos y vistosos ornamentos. Hace como Juan Pablo I. Aún así había que estar vigilantes, los Anticristo se cubren con piel de cordero. Al cumplir los cien días de papado, sabemos por lo que oímos y vemos, que el Papa Francisco no es como era Juan Pablo I. El Apóstol San Pablo señala a los “trabajadores engañosos, que se disfrazan de falsos apóstoles de Cristo. Y nada tiene de extraño: que el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz. Por tanto, no es mucho que sus ministros se disfracen también de ministros de justicia.” (2Co. 13, 15). Así son los secuaces del diablo. El Papa Francisco ha cambiado de imagen, impresionante el esplendor que ahora tiene en su rostro, sano y rollizo esta su cuerpo. No lleva la cruz de Cristo, no sufre las penas de los hombres que siguen a Dios y lo defienden. El Papa francisco da falso testimonio de Dios por eso es socialmente tambien acogido. Es una desfachatez insensata proclamarse sucesor de San Pedro desde el trono del Vaticano.

El Papa francisco entorpece y no permite dar paso a los acontecimientos referentes al fin del mundo, que han de desarrollarse en el Vaticano. ¿El magnicidio en qué lugar será, en las estancias del Vaticano o de viaje? Independientemente del lugar, el Papa Francisco ha de morir de inmediato. Nos hallamos en el tiempo del cumplimiento de la promesa firme del Reino de Dios y de la visión sin fin: “Estas palabras son ciertas y verdaderas; el Señor Dios, que inspira a los profetas, ha enviado a su Ángel para manifestar a sus siervos lo que ha de suceder pronto.”  (Ap. 22, 6). El plan divino anunciado en el Apocalipsis se cumplirá rigurosamente. Por la revelación de Dios sabemos que San Pablo se refiere a Satanás, cuando habla: “Vosotros sabéis qué es lo que ahora le retiene, para que se manifieste en su momento oportuno.” (2Ts. 2, 6). Satanás se manifestará cuando este sentado en el trono del Vaticano por la elección de un hombre totalmente poseído por el demonio.

Cuando Satanás ocupe el trono del Vaticano, habrá conseguido el dominio mundial. Revelación de la Virgen María a Teresa Musco: “Habrá conseguido seducir a los espíritus de los grandes científicos y será el momento en que ellos intervendrán con armas potentísimas con las cuales es posible destruir gran parte de la humanidad.” Nuestra Santísima Madre, la Virgen María se refiere a un atentado Inminente, realizado por Occidente. EEUU, Gran Bretaña e Israel atacarán a un país de Oriente provocando una catástrofe humanitaria de dimensiones Apocalípticas. Hay rumores de que un hombre de color será el Papa del fin del mundo, pero eso es un vaticinio equivocado. El hombre de color protagonista en los acontecimientos referentes al fin del mundo, es el Presidente Barack Obama y Premio Nobel de la Paz. Durante el mandato de Barack Obama, EEUU, Gran Bretaña e Israel realizarán un atentado brutal que tendrá como pena el castigo anunciado, en las Sagradas Escrituras, para el fin del mundo. El atentado elevará la energía de odio a niveles nunca vistos en la Tierra. El mundo en posesión. La elección a nuevo Presidente de EEUU tendrá lugar el 8 de Noviembre de 2016. Es obvio que el atentado anunciado tiene que ser antes. Barack Obama es el último presidente de los EEUU. Después de él la Tierra la gobernara Jesucristo.

San Pablo atribuye el retraso de la Parusía a algo, sin llegar a especificar. El obstáculo de San Pablo relaciona una gran conspiración contra la Verdad, que impide la manifestación del hombre de pecado. La revelación de Dios señala, la fuerza descomunal que ahora en el tiempo final es la mentira en la Tierra. Ahora el hombre vive sin dios y hace creer todo lo contrario. La sociedad en la época de Jesucristo era como la nuestra, también se presentaba como hacedora de buenas obras. Así la impiedad trabaja en el misterio y realiza la actividad secreta que es apostasía. La apostasía ha corrompido la vida del hombre y ha terminado con la Verdad Suprema. San Pablo anuncia la Venida del Señor y sus señales precursoras. “Primero tiene que venir la apostasía y manifestarse el Hombre impío, el Hijo de perdición, el Adversario que se eleva sobre todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto.” (2Ts. 2, 3). Este adversario de Dios recibe en las Sagradas Escrituras el nombre de Anticristo y con él tenemos la apostasía actuando, tal y como anuncia San Pablo.

El verdadero seguidor de Jesucristo vive en el don de Dios que en el permanece, es modelo de fe y muestra la paciencia y fortaleza que la fe proporciona. No encaja en esta forma de vida y vive en un éxodo continuo que conduce a la Vida Eterna, su verdadera patria no puede identificarse con ningún lugar terrenal. Esperan “La ciudad asentada sobre cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.” Hb. 11, 10). San Pablo insta a los verdaderos cristianos a seguir en esa línea: “Y ahora, hijos mios, permaneced en él para que, cuando se manifieste, tengamos plena confianza y no quedemos avergonzados lejos de él en su Venida.” (1Jn. 2, 28). La defensa de la verdad es la esencia que convierte en personas únicas. La Verdad es retrograda y mala, nadie quiere saber nada de ella. Nadie quiere el fin del mundo, pero esa decisión no es vinculante, el futuro depende de Dios. Tenemos el escenario propio a la Parusía; la gran prueba final a la que pondrá fin de inmediato Nuestro Señor Jesucristo.

El Papa francisco se define como “un pecador en quien el Señor ha puesto los ojos…”. Hace referencia al Evangelio que explica cuando Mateo es elegido por el Señor: “Al irse de allí, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. El se levantó y lo siguió.” (Mt. 9, 9- 13). Y San Mateo se transformó en un hombre santo. Al Papa Francisco se le informa, que Jesucristo redime a los hombres que deciden no seguir en el pecado, después de su presencia en la Tierra no hay excusa para seguir pecando. “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino es por mí” (Jn. 14, 6) dice el Señor. Quien tiene a Cristo en su corazón disfruta de la esperanza segura de la Vida Eterna, ha entrado en otra dimensión donde un poder sobrenatural le hace conocer otro mundo paralelo que es el real y el verdadero. Un mundo donde habitan seres invisibles que avivan los sentidos. La Sabiduría, certifica que todo es mentira en la Tierra, es la llamada a la salvación por medio de la fe en el Señor Jesucristo.

Por medio de la Sabiduría Dios se manifestó al Rey Salomón, como fuente de saber llenándole de riqueza, de eficacia y de experiencia. La Sabiduría: “Es un soplo del poder de Dios, una emanación pura de la gloría del omnipotente; por eso nada contaminado le afecta…” (Sb, 7, 25). 

El pecado instaurado por Adán y Eva edifica un muro infranqueable entre el hombre y el Cielo, muro que sólo Jesús salva, con el puente que construye su sacrificio en la cruz. Jesucristo ha liberado a su pueblo “Israel” del pecado adquiriéndolo para Dios. El precio de este rescate y de esta adquisición ha sido con su propia sangre. A través de su Hijo Jesucristo, Dios ofreció a “Israel” por última vez, la oportunidad de ser rescatado. La redención, iniciada en el Calvario y garantizada ya por las arras del Espíritu concluye ahora en la Parusía. Los verdaderos seguidores de Dios han participado del sacrificio de Cristo, han sido atribulados por la persecución a la que han sido sometidos por los impíos, como el Hijo de Dios en la Tierra. Y, por ese medio, entran a la comunión de Dios. Jesucristo “es amor”, la ruta de la Verdad, la senda perfecta que abre las puertas a la Sabiduría. Jesucristo es el camino y el único camino, nadie puede ir al Padre o a la casa del Padre donde muchas moradas hay, si no es por Jesucristo. La santidad fruto del amor alcanza su plenitud ahora en la Parusía. Los seres humanos que han utilizado el amor para desenvolverse en la vida, tienen garantizada la Vida Eterna. San Pablo describe tajante: “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria”. (Col. 1, 27). Aunque sea la persona más mala de la Tierra si pide perdón y se arrepiente de sus pecados y hace una vida nueva, encuentra el perdón y la salvación. El Señor Jesucristo profetiza: “Y al que venga a mí, no le echaré fuera.” (Jn. 4, 37).  “Bienaventurados aquellos cuyas maldades fueron perdonadas, y cubiertos sus pecados.” (Rm. 4, 7). Ante Dios nadie queda defraudado.

¡Cuidado con el pecado! Dios no permitirá que entre en el Cielo ni pecado ni pecador. Si Dios permitiese que un pecador entrase en el reino de los cielos, éste seguiría pecando. “¡Pecadores sí, corruptos no!” dice el Papa. A esto se llama suplantar al Espíritu diciendo falsedades en las homilías: “Dios está en la vida de toda persona. Dios está en la vida de cada uno, sea la persona más mala y cruel de la Tierra. Dios está en su vida. Puede y se debe buscar a Dios en toda vida humana.” Parece mentira que una persona como él no sepa que si no hay arrepentimiento de los pecados y cambio de vida no hay espacio para Dios. El odio aunque quiera no puede acercarse a Dios que es “Amor”. Ni pecadores ni corruptos entrarán en el Reino de los Cielos.

El sexto Mandamiento de la Ley de Dios es “No pecarás” . Las Escrituras dicen que nada profano entrará en el Reino de los Cielos. El Apocalipsis, al final de la Biblia describe la gloria del Cielo: “¡Fuera los perros, los hechiceros, los impuros, los asesinos, los idólatras, y todo el que ame y practique la mentira.” (Ap. 22, 15). El Señor Jesucristo insiste en que todo pecador tiene que permanecer fuera del Reino de Dios. El Mundo Nuevo sin corrupción y sin mancha no será contaminado ni manchado con un solo pecado. Dios tiene negada la entrada a la Vida Eterna a todo pecador. Nos hallamos en los tiempos mesiánicos, y urge comprenderlo, porque el juicio esta próximo a los seres humanos.

Las Sagradas Escrituras hablan del pecado y sus consecuencias desde el principio. Recordemos Adán y Eva cuando pecaron y fueron apartados del jardín del Edén y a Caín, errante y vagabundo por el mundo después de matar a su hermano Abel. Y por la corrupción de los humanos, el Diluvio Universal queda grabado en la Historia como castigo mundial y por las mismas causas, Sodoma y Gomorra convertidas en cenizas dejan de existir… Las Sagradas Escrituras terminan profetizando el castigo final, el Apocalipsis de San Juan anuncia el “Gran día de Yahvé”, la fecha cercana de la salvación. La Historia se encuentra en las manos de Dios. Nos hallamos al final de la Biblia y al final de la Historia. Estamos a la espera de la realización del Apocalipsis de San Juan, justamente cuando Jesucristo viene a liberar a sus elegidos de manos de sus opresores (los Anticristo) devolviéndoles no sólo la libertad sino también poderío y dominio sobre sus enemigos. La ira de Yahvé se manifiesta en las Sagradas Escrituras de principio a fin. Dios se encuentra en la Historia, en las huellas que ha ido dejando, en el tiempo de los procesos en curso y en el futuro como promesa.

Cuando entrega las Tablas de la Ley, Dios advierte a su pueblo Israel: “Cuidad, pues, de proceder como Yahvé vuestro Dios os ha mandado. No os desviéis ni a la derecha ni a la izquierda. Seguid en todo el camino que Yahvé vuestro Dios os ha trazado. Así viviréis, seréis felices y prolongareis vuestros días en la tierra de la que vais a tomar posesión.” (Dt. 5, 32). Pero la Palabra de Dios no es aceptada, lleva consigo una alianza Eterna de amor a Dios, y una obediencia absoluta a todo lo que Él manda. El Señor lo ha tenido siempre muy difícil y para facilitar de una vez y para siempre, las relaciones con los seres humanos, decide mandar a su Santísimo y querido Hijo Jesucristo a la Tierra. Jesucristo determina: “No penséis que he venido a abolir la Ley y los profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.” (Mt. 5, 17). Jesús proporciona con su enseñanza y su modo de vivir la forma nueva y definitiva, donde se realiza en plenitud la Ley de Dios. Jesús profetiza instando: “Si quieres entrar en la vida eterna, cumple los Mandamientos: “No matarás; no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honrara a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo.” (Mt.19, 16- 19). Y el Señor anuncia que el amor a Dios y al prójimo se complementan: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas.” (Mt. 22, 36- 38). Con Jesús tenemos el pleno cumplimiento de la Ley de Dios, el amor es el mandamiento tan ignorado como infinito que cumple inseparablemente toda la Ley. En el amor no hay pecado, todo perfecto.

San Pablo habla de la nueva vida en Cristo, donde todo verdadero seguidor de Dios se halla en el estado de hombre bueno, fiel a Dios, del cual es modelo el Hijo de Dios. Hemos sido enseñados conforme a la realidad de Jesucristo, renovado el espíritu de nuestra  mente, “y revestíos del Hombre Nuevo, creado según Dios, en la justicia y santidad de la verdad.” (Ef. 4, 24). Después del testimonio de Jesucristo no hay lugar para el pecado ni excusa para cometerlo, Él hace perfecto al hombre. El verdadero seguidor de Dios no causa decepción a las esperanzas divinas. El fruto es la santidad de una vida fiel a los Mandamientos, especialmente al mandamiento del amor. El hombre no podrá ser absuelto si Dios no le juzga según sus obras. El ser humano es justificado según la fidelidad a Dios a las promesas de salvación hechas a su pueblo y manifestadas en Jesucristo. Por medio de su Hijo Jesucristo Dios ha dado su gracia a la humanidad, a judíos y no judíos, de la misma manera; por la fe sola.

San Pablo se dirige a todo ser humano que participa de la regeneración universal, bajo la autoridad de Cristo, Señor y Cabeza: “Que nadie os engañe con vanas razones, pues por eso viene la ira de Dios sobre los rebeldes. No tengáis parte con ellos… Examinad qué es lo que agrada al Señor, y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, antes , más bien, denunciadlas. Sólo el mencionar las cosas que hacen ocultamente da vergüenza; pues, al ser denunciadas, salen a la luz. Pues todo lo que queda manifiesto es luz. Por eso se dice: despierta tú que duermes, y levántate de entre los muertos , y te iluminará Cristo.” (Ef. 5, 1- 14). La transmisión de la fe requiere ser uno mismo modelo, cuya fe y forma de vida sean óptimas para imitarse. Dios se manifiesta mediante la fe y el amor fraterno de una vida santa y sin pecado. Éste es el verdadero instrumento de comunión y testimonio apostólico, conocimiento que empeña toda conducta y toda conducta es el criterio para reconocer la vida en Cristo.

La Ley de Dios es totalmente transparente, pero el que se dedica a hablar de ella para confundir a los hombres no tiene el fruto de Dios. Las Sagradas Escrituras describen la diferencia entre profeta autentico y profeta falso. La Palabra de Dios es el gran medio de comunicación divina para discernir. La Biblia afirma que el verdadero profeta anuncia el infortunio por causa del pecado y es lo que todos los profetas anunciaron. El profeta falso se dedica ha hablar de Dios falsedades que van contra el plan divino. El Señor elige a Jeremías para ser profeta de las naciones y, por medio de él, Dios descubre a los falsos profetas de aquella época y también de nuestro tiempo: “Yo no envié a esos profetas, y ellos corrieron, no les hablé, y ellos profetizaron. Pues si asistieron a mi consejo, hagan oír mi palabra a mi pueblo, y háganle tornar de su mal camino y de sus malas acciones.” (Jr. 23, 21- 23). Las Sagradas Escrituras siguen siendo tan actuales como el día que se escribieron. Todo lo que dicen se cumplirá, como prueba de la fidelidad de Dios.

Todo este mensaje ha sido elaborado a juicio de Dios que lo ha ordenado. La responsabilidad personal del oyente que ha recibido la orden de anunciar el próximo y último asedio a Jerusalén (a Europa y a Israel), el oráculo expresa la transmisión misma de la actividad profética. Europa es cristiana por elección de Dios y todos deben saberlo. El pueblo de Israel, protagonista del Antiguo Testamento, ahora son los católicos y los judíos de nuestro tiempo. “El Mensaje de Dios”, narra las visiones de que ha sido testigo:

“A ti, también, hijo de hombre, te he hecho yo centinela de la casa de Israel. Cuando oigas una palabra de mi boca, le advertirás de mi parte. Si yo digo al malvado: ‘Malvado, vas a morir sin remedio’, y tú no le hablas para advertir al malvado, morirá por su culpa, pero de su sangre yo te pediré cuentas a ti. Si por el contrario adviertes al malvado que se convierta de su conducta, e él no se convierte, morirá él debido a su culpa, mientras que tú habrás salvado tu vida.” (Ez. 33, 7- 9). “El Mensaje de Dios” procede de Dios y, como resultado, sustituye toda opinión humana.

“El Mensaje de Dios” es ratificado por las Sagradas Escrituras, el Sello Divino es garantía de lo que va a suceder. Este mensaje es el anuncio más humano de todos los tiempos. El encuentro con Dios es la esperanza de sus seguidores, creemos en su Palabra y en lo que nos ha prometido. Pero aquel que no sabe ni quiere saber nada de Dios que puede esperar ahora. No creer en Dios no cambia la realidad, Dios existe y tiene unos planes concretos desde el inicio de la Creación. El “Mensaje de Dios” es real y verdadero, aunque no todos podrán entenderlo. El Señor llama a todo el mundo, quiere que todos se salven pero la decisión final no depende de Dios: “Porque muchos son llamados, más pocos escogidos.” (Mt. 22, 14). Dios habla a quien quiere y a quien le agrada. El que entiende el mensaje, es merecedor del mismo y es para quién ha sido escrito; el que no lo entiende, está perdido.

Este mundo ha sido creado para un tiempo determinado y se acerca su final. Poder ver la situación real que estamos viviendo, es elemento intangible de una vida que no tiene precio. Esté “Mensaje de Dios” es para ser interpretado siempre a nivel mundial. Se están cumpliendo al pie de la letra las profecías que anuncian el fin de esta forma de vida. El caos medioambiental, económico, social y humano concurre por toda la Tierra. El lenguaje y las formas apocalípticas, están presentes a.C., en Daniel, Ezequiel, Joel, Zacarías y en Isaías 24. Estos profetas anuncian acontecimientos inmediatos a un juicio final de Dios, se trata del “tiempo final.” (Dn. 8, 17). La fecha del fin del mundo estaba determinada desde de la Creación. La Biblia está escrita y perfectamente definida de antemano, es el testamento de Dios. Las visiones de todos estos Profetas están a punto de comenzar y se consumarán 2000 años después del nacimiento de Jesucristo. El Señor Nuestro Dios lo ha mantenido oculto durante siglos. Daniel sentía mucha curiosidad, quería saber el día: “¿Para cuándo está fijado el fin de estos prodigios?… Vete, Daniel, porque estas palabras están guardadas y selladas hasta el momento final.” (Dn. 12, 6- 9). Estamos viviendo el tiempo del cual el Señor Nuestro Dios no había revelado fecha. El Apocalipsis está lleno de referencias al Antiguo Testamento. En ambas obras se halla el periodo de la desgracia, “contemplado desde el ángulo de la presciencia y de la voluntad divina”.

“El Mensaje de Dios” ha sido expuesto al mundo para que se escuchen por última vez las exhortaciones del Apocalipsis. Se aproxima la llegada de Jesucristo a la Tierra y el mundo es informado. El Apocalipsis de San Juan describe la majestad de Dios que reina en el cielo, dueño absoluto del mundo y de los seres humanos. Estamos a la espera de la realización de la última revelación, escrita en las Sagradas Escrituras, hecha por Dios a los hombres, de cosas ocultas y sólo por Él conocidas. El Apocalipsis de San Juan es toda coherencia, presenta la solución de un esquema concreto que debe satisfacer a todos los exegetas. El estudio profundo de las Sagradas Escrituras genera seres humanos sabíos e inteligentísimos en las cosas de Dios y en las cosas del mundo. “El Mensaje de Dios” es establecido y designado por Dios como la “Última Profecía”, tiene como fin anunciar el Reinado definitivo de Dios en la Tierra. La acción del Espíritu Santo lo ha llevado a cabo. La Profecía anunciada provoca un temor religioso, es como enfrentarse a un hecho misterioso en el que se adivina la mano de Dios. Descubre los misterios del más allá, los últimos planes de Dios para los hombres.

La revelación del anuncio inminente del fin de de esta forma de vida aporta una visión real de la “evolución”. “El Mensaje de Dios” es para ser interpretado siempre a nivel mundial. De ahí la analogía con el caos medioambiental, social y humano. Estamos en la batalla final entre la luz y la oscuridad; el paraíso y el infierno; el mundo invisible y el visible. Satanás gobierna el mundo visible, es decir, nuestro mundo; y el invisible Dios. Estamos rodeados de seres sobrenaturales que nos observan, originarios de la civilización del amor, un modelo de vida perfecto e inimaginable. La profecía sobre el fin de esta forma de vida ha estado oculta desde que fue narrada por el Profeta Daniel y, ahora llegado el momento final, la Profecía Sellada ha quedado al descubierto:

“Muchos la consultarán y aumentarán su saber… Muchos serán purificados, lavados y acrisolados; los malvados seguirán haciendo el mal, sin que ninguno comprenda; pero los sabios comprenderán.” (Dn. 12, 4- 10). Se notifica una era mesiánica en la que el mismo Dios reinará, por su Hijo el Mesías, sobre su pueblo, en Justicia y Paz sin Fin.

Sólo el Padre y el Hijo pueden dar la respuesta a las preguntas sobre lo que ha ocurrido y está ocurriendo en la tierra. La vida y la existencia han dejado de ser misterio. En la Verdad nos encontramos con una realidad muy dura y muy cruel: la actividad de Satanás y de sus aliados (la gente mala). Es la revelación de un misterio que nos conduce hacia el secreto más celosamente guardado por los seres humanos. Y ahora por inspiración divina, ha vuelto a ser manifestado:

“A aquel que puede consolidaros conforme al Evangelio mío y la predicación de Jesucristo: Revelación de un misterio mantenido en secreto durante siglos eternos, pero manifestado al presente, por las Escrituras que lo predicen, por disposición del Dios eterno, dado a conocer a todos los gentiles para obediencia de la fe, a Dios, el único sabio, por Jesucristo, ¡a él la gloria por los siglos de los siglos ¡ Amén!” (Rm. 16, 25- 27). Por los siglos de los siglos, por toda la eternidad, Tú, Señor Jesucristo, serás nuestro Dios.

Los Apóstoles de Jesucristo son los primeros testigos que recibieron la revelación del plan divino y sobre ellos se edifica la verdadera Iglesia de Jesucristo. Sus discípulos se caracterizan por haber estado en presencia del Señor. El designio del plan divino se hallaba oculto en su “misterio” ; mostrado ya al mundo eternamente por orden de Dios. La revelación del misterio “Mantenido en secreto durante siglos eternos…” (Rm. 16, 25) designa la llegada del Tiempo del Fin para dar cumplimiento a una larga espera de siglos, como algo que colma finalmente de alegría. Jesucristo vuelve a la Tierra y se queda para siempre. La Profecía alcanza espíritu de sabiduría y de revelación para ser transmitida a todos los hombres. Hablamos de un conocimiento místico, que puede llegar más lejos que cualquier otro conocimiento intelectual. Ser consciente que el “Misterio” bíblico lleva consigo la salvación o la muerte Eterna según la energía utilizada por el ser humano.

Las leyes con las que Dios ha creado el universo son circulares. La gravitación es universal. Es una ciencia inapelable, un dogma de alcance universal, una teología de leyes invariables, donde todo es mecánicamente repetible  y previsible. Después de la noche siempre viene el día; después del invierno el verano… todo funciona de forma circular, para volver a empezar. El comportamiento de la física celeste, terrestre y humana es el mismo. Pues ocurre que incluso en el contexto de cada acción humana, ésta tendrá una reacción igual y opuesta. En la vida todo lo que hacemos tiene por ley un efecto boomerang, circular. “Toda acción provoca una reacción igual y en sentido opuesto”, decía Newton. Dios ha creado un orden que organiza todo, todo ha de cumplir tarde o temprano la ley de Dios. De este modo, cada pensamiento que proyectemos, cada sentimiento que alberguemos y cada acción que ejecutemos, tienen una fecha exacta para volver a nosotros. No importa si son buenos o malos, éstos no pueden permanecer fuera de quien los ha creado y por ley regresarán a su lugar de origen. El ser humano se salva o se castiga incluso ya en esta vida cuando recibe los resultados de sus actos. 

San Juan se hallaba informado respecto al pecado y cuando hablaba de orar por los pecadores, explicaba que había que pedir sólo por el ser humano que cometierapecados que no son de muerte pues hay un pecado que es de muerte, por ése no digo que pida” (Jn. 5- 16). San Juan instruía respecto de este pecado de gravedad extrema e indicaba que por dicho pecador no había que rezar. El Apóstol se refería al pecado original que es el primer pecado mortal cometido por el hombre. Adán y Eva, seducidos por Satanás, accedieron a comer del “árbol de la ciencia del bien y del mal.” (Gn. 2, 17). El árbol del conocimiento. El Génesis simboliza los dos poderes sobrenaturales que hay en la Tierra. Dios había dado un mandato el cual el hombre desobedece. El jardín de Edén era uno, la presencia divina era una y Adán y Eva estaban totalmente conectados a Dios. Cuando ellos abren las puertas de nuestro mundo a Satanás entra en acción el sistema de destrucción del mundo espiritual estableciendo dualidades, separaciones… después del pecado Adán y Eva son individuos maliciosos que han perdido la inocencia y se hallan separados entre ellos y Dios. Antes del pecado todo estaba unido todo era conexión, no había nada que esconder y no había necesidad de cubrirse.

Adán y Eva cambiaron el orden del mundo y los seres humanos ya no nacemos en el Paraíso sino en el mundo terrenal, condenados a vivir en un ambiente de pecado y corrupción. El pecado Original, es un poder sobrenatural que hace sentirse al ser humano como Dios. Con la utilización de las fuerzas del mal, Satanás facilita la vida a sus adeptos que se muestran orgullosos, vanidosos y complacidos. Hablamos de personas envidiosas celosas y rencorosas que logran tener ventaja sobre los hombres, con un poder sobrenatural invisible que se hace visible. Las estamos viendo en acción, arruinando y acabando con la vida de su prójimo. El pecado más grande que un ser humano puede cometer es atacar a su prójimo, lo cual lleva consigo la separación inmediata de Dios, que es amor.

La “ciencia” de Dios que el hombre usurpa es la facultad de decidir por sí mismo quién de su prójimo ha de morir o vivir, obrando en consecuencia: una reclamación de autonomía moral, por la que el hombre no se conforma con su condición de criatura. Este pecado es un atentado a la soberanía de Dios. Con el poder de Satanás, el Anticristo se erige como juez del bien y del mal, lo cual es privilegio solo de Dios. Esta rebelión expresada en la Biblia es la transgresión de un precepto impuesto por Dios y representado en la imagen de la fruta prohibida. Las Sagradas Escrituras revelan el “fruto” del árbol prohibido, como un poder sobrenatural que Satanás ofrece a Eva. En la tradición católica el pecado original se ha simbolizado por una manzana roja.

Nadie ha sabido a ciencia cierta la naturaleza exacta del pecado cometido por Adán y Eva. La gente ha venido preguntando ¿qué es el pecado original? A lo largo de la historia se han venido dando una serie de explicaciones y teorías falsas. Una de ellas ha sido que el Bautismo borraba del ser humano el pecado original creyendo que los bautizados estaban libres de ese pecado y los únicos preparados para entrar en el reino de los cielos. Los ministros de la Iglesia Católica y muchas personas han llegado a creer que el pecado de Adán y Eva eran las relaciones sexuales fuera del matrimonio.  Entre todas las explicaciones la más transcendental ha sido que el pecado original consiste formalmente en la privación de la gracia que santifica al alma. La ruptura con Dios tiene consecuencias terroríficas para los seres humanos ya que va en detrimento de la naturaleza humana, que queda de raíz sometida a la ignorancia y a la muerte Eterna. Cuando las personas han accedido al poder de Satanás, lo han hecho libremente y han tenido una conducta desviada que les ha impedido amar a Dios y al projimo. Satanás ha llevado a los obradores de iniquidad a padecer un desequilibrio interior que no tiene nada que ver con lo que pretenden hacer creer. Los Anticristo llevan al lado de Satanás una vida falsa. Los seres humanos al aliarse al diablo enferman radicalmente en todas sus facultades de alma y cuerpo; y en todo lo que se refiere al entendimiento y voluntad.

La palabra energía es utilizada ampliamente en “El Mensaje de Dios”, con el fin de poder explicar que existen dos energías al alcance del humano. Hay dos fuentes de energías: la positiva, de Dios; la negativa, del diablo; y cada ser humano a su libre albedrío ha utilizado la deseada. Todos han podido elegir libremente y aportar energía de amor a la creación y perfeccionar el mundo o dirigirlo con odio hacia la destrucción y la violencia. Los científicos dicen “La energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma”. Se transforma en energía en movimiento cuando los seres humanos la utilizan. El amor o el odio activan los pensamientos, las palabras, las acciones… son energías que están en reposo y el ser humano las activa cuando interactúa con su prójimo. Hablamos de fuerzas de la naturaleza que al ser proyectadas sobre una persona, son totalmente eficaces. Ya que, en cuestión de segundos, el ser humano puede ser transformado y actuar de acuerdo a las energías recibidas.

Hay dos energías en el mundo: una es la del amor cuyo referente es Dios y la otra la del odio personificada en Satanás. El odio ha activado a Satanás, el amor a Dios. El amor y el odio, son polos opuestos, como el blanco y el negro, la luz y la oscuridad. El amor y el odio trascienden el tiempo y el espacio, son energías sobrenaturales que permanecen constantemente a disposición de los seres humanos. Las fuerzas del bien son requeridas por los verdaderos seguidores de Jesucristo, mediante el amor a Dios y al prójimo y la fe. Las fuerzas del mal son utilizadas por los aliados del diablo que han realizado, por odio a su prójimo, una cadena monumental de pecados, que alcanza nuestros días contaminando a los seres humanos.

Los adeptos a Satanás demuestran su crueldad cuando recurren a las fuerzas del mal para hacer daño a su prójimo. Los obradores de iniquidad sirven de instrumento a la acción de Satanás en el mundo. Satanás es simplemente energía y para ser efectivo tiene que ser requerido por sus secuaces los Anticristo. San Pablo habla de un poder sobrehumano: “Por eso Dios les envía un poder seductor que les hace creer en la mentira, para que sean condenados todos cuantos no creyeron en la verdad”. (2Ts. 2, 11- 12), que el impío utiliza normalmente contra sus propios hermanos de sangre y contra los familiares más cercanos, en secreto. Millones y millones de seres humanos no han sabido que estaban siendo afectados por el demonio. El pecado original ha tenido lugar cuando los obradores de iniquidad, tomando como ejemplo a Adán y Eva, han participado del misterio de iniquidad: se han aliado al diablo y enfrentado a Dios.

Nos encontramos en la Parusía final, por eso Jesucristo desvela ahora y por última vez la acción de Satanás en el mundo. “Revelación de Jesucristo; se la concedió Dios para manifestar a sus siervos lo que ha de suceder pronto.” (Ap. 1, 1). Esta es la prueba clave que señala el tiempo que vivimos, la proximidad de los últimos días. La vida y la evolución tienen un sentido, no es puro azar, ha sido para el reconocimiento. Con el libre albedrío el ser humano puede demostrar al lado de quien está. Los verdaderos seguidores de Dios se mantienen fieles a Jesucristo. El que se ha probado a si mismo ha sido el aliado del diablo. Satanás ha hecho de cebo, probando así a los seres humanos. Ahí queda para la eternidad, lo que cada ser humano ha hecho en esta vida.

“El Mensaje de Dios” es realizado por la revelación del “misterio mantenido en secreto…”  (Rm. 16, 25) y, ahora, al final de los tiempos ya definitivamente para la eternidad revelado, describe que sólo se puede llegar a la salvación y a la gloria celeste mediante la unión con Jesucristo. La terrible persecución, desde el día que nació, a una mujer, en la peregrinación de Jesucristo sobre la Tierra, desvela el “Misterio de iniquidad“. Ella nota la presencia de Jesucristo cuando la defiende del maligno, como la ha prometido. Ella se ha refugiado en Dios y Jesús le ha revelado y ordenado confirmar su inmediata Venida. Lo que le ha sucedido y sucede a ella es para que dé testimonio. Del Señor Jesucristo procede la elocuencia y la sabiduría, a la que no pueden resistir ni contradecir los adversarios. Para ella la vida ya no es un misterio incomprensible e inaccesible a la razón. Al mutuo amor de los verdaderos seguidores de Dios, Jesús contrapone el odio que les profesa el mundo. Su suerte es idéntica a la del Maestro y el mundo persigue a Jesús en ellos. Jesucristo les advierte: “Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros.” (Lc. 21, 12). A Pedro le falto coraje, al principio tuvo miedo por las consecuencias de dar testimonio de Jesucristo en público. Pedro negó al Señor tres veces, después se arrepintió, lloró amargamente y Dios le perdono. Pedro experimento en su propia carne que la existencia sin el Señor no es vida y no paró hasta dar la vida por el Señor Jesucristo.  Ahora dos mil años después sigue pasando lo mismo, si el testimonio de Dios es verdadero la persona está sentenciada a muerte y es atacada de todas las formas posibles. Los verdaderos seguidores de Jesucristo son condenados a muerte y ejecutados por el poder de las fuerzas del mal. Es el método de muerte que tienen ahora los obradores de iniquidad. Solo el testimonio falso es socialmente bien acogido.

Jesús causa de disensión: “¿Creéis que estoy aquí para poner paz en la Tierra? No, os lo aseguro, sino división. Porque desde ahora habrá cinco en una casa y estarán divididos; tres contra dos, y uno contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra” (Lc. 12, 51). Con la Parusía ha surgido el estado de guerra espiritual que suscita la aparición de Jesús. San Mateo y San Lucas hablan para nuestro tiempo y nos indican que no tengamos miedo a los impíos que hablemos francamente y sin temor: “No les tengáis miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse. Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde los terrados.” (Mt. 10, 26- 27).

El centro del misterio es Jesucristo, su camino es la cruz. La cruz significa actuar siempre por amor, amor a los hijos, a los padres, a los hermanos… y al prójimo. El camino de Jesús no consiste en ser feliz sino en hacer felices a los demás. Una entrega fundamental y vital para el buen funcionamiento del mundo y de los seres humanos. La persona en el camino de Dios tiene espíritu, tiene amor. El que no ha llevado la cruz de Jesucristo ahora no podrá estar junto a Él. San Pablo define con toda sabiduría y apela al amor para alcanzar “En toda su riqueza la plena inteligencia y perfecto conocimiento del misterio de Dios, en el cual están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia.” (Col. 2, 2- 3). Los Apóstoles tuvieron el conocimiento de la existencia de Satanás y la actividad de sus secuaces los Anticristo, experimentan en primera persona el sufrimiento que produce en los seres humanos las fuerzas del mal. El impío sirve de instrumento a la acción de Satanás, que le comunica su poder sobrehumano para que lo utilice contra los seres humanos. San Pablo y demás Apóstoles y cristianos fueron perseguidos con el poder de las fuerzas del mal, por la gente mala. San Pablo lleva a cabo su propio itinerario de vida auténticamente cristiana, que él llama tribulaciones de Cristo en mi carne y que reproduce la vida de Jesucristo en su manera de vivir y de sufrir. El Apóstol San Pablo anuncia el Evangelio con éxito rotundo, desvela el “misterio” que encerraba oculta una infinita “sabiduría” de Dios, misteriosa y difícil de conocer. Al morir los Apóstoles y los cristianos de aquellos tiempos el “misterio” quedó oculto de nuevo.

“Dichoso el que lea y los que escuchen las palabras de esta profecía y guarden lo escrito en ella, porque el Tiempo está cerca.” (Ap. 1, 3).

Jesús menciona la señal, la cual significa el fin de los tiempos: “Es preciso que antes sea proclamada la Buena Nueva a todas las naciones” (Mc. 13, 10), “El Mensaje de Dios” anuncia la inminente llegada del Reino de Dios a la Tierra. “Se proclamará está Buena Nueva del Reino en el mundo entero, para dar testimonio a todas las naciones. Y entonces vendrá el fin.” (Mt. 24, 14). Habla el Espíritu de Dios, la persona elegida para escribir, sólo es un instrumento. No es ella quien condena a los hombres sino Dios, cuya autoridad no tolera objeción alguna. Esta mujer es inocente, culpable es la sociedad que se siente aludida y ofendida por la verdad que se anuncia. Jesucristo actúa poderosamente sobre su mensajera, la prueba superada resultara ser en perjuicio del mundo. Los cristianos han traicionado a Dios y “El Mensaje de Dios” triunfará castigando. Si ella hablara por su cuenta habría fracasado, ya estaría muerta y el mundo estaría enérgico y no sucumbiendo en el fracaso, efectuándose ya en este tiempo las amenazas del Señor Nuestro Dios.

“EL Mensaje de Dios” anuncia al Señor Jesucristo dispuesto a realizar de inmediato la Palabra de Dios, un paradigma a distinguir entre el justo y el malvado, entre quien sirve a Dios y quien no le sirve: “Y se escribió en su presencia un libro en memoria de los devotos de Yahvé que honran su Nombre. Ese día que estoy preparando se convertirán en mi propiedad personal, dice Yahvé Sebaot; y seré indulgente con ellos como es indulgente un padre con el hijo que le sirve. Entonces volveréis a distinguir entre el justo y el malvado, entre quien sirve a Dios y quien no le sirve.” (Ml. 3, 16- 18). El Señor Nuestro Dios describe como cubrirá a los suyos mediante la protección divina.

Por obra del Espíritu Santo 2000 años después, se proclama la Buena Nueva de Marcos y Mateo. Es preciso que, antes del castigo a Israel (a los judíos y cristianos de nuestro tiempo), todos tienen que haber oído la Buena Nueva de Mateo. Y sabrán que es el Fin de la era presente. El anuncio de la llegada del Reino de Dios a la Tierra en su plenitud, anticipa la caída de Jerusalén, de Europa e Israel. Cuando Jesucristo ordene, la noticia llegará a todas las partes vitales del imperio romano de nuestro tiempo, antes de su destrucción. Israel es culpable de la muerte de Jesucristo y, ahora, tiene que sufrir las consecuencias: “En cuanto a aquél que traspasaron, harán duelo por él como se llora a un hijo único, y le llorarán amargamente como se llora a un primogénito.” (Zc. 12, 9- 10). El Hijo de Dios clavado en una cruz de madero. En la realización de la salvación Universal intervendrán un sufrimiento sin precedentes. El advenimiento de Cristo lleva consigo terminar con la maldad y la inmoralidad en la Tierra. Toda la historia de Israel está caracterizada por diversos momentos de castigo y silencios divinos, siempre debidos a las infidelidades del pueblo elegido de Dios.

Una vez muerto Josué el pueblo de Israel se olvida de Dios y de lo que había hecho por Israel. “Entonces los hijos de Israel hicieron lo que desagradaba a Yahvé… Entonces se encolerizó Yahvé contra Israel…” (Jc. 2, 11). “los israelitas volvieron a hacer lo que desagradaba a Yahvé… (Jc. 3, 12). “Los israelitas volvieron a hacer lo que desagradaba a Yahvé… (Jc, 4, 1). “Los israelitas hicieron lo que desagradaba a Yahvé y Yahvé los entregó durante siete años en manos de Madián, y la mano de Madián cargó pesadamente sobre Israel.” (Jc. 6, 1). El mal y el bien provienen de todos aquellos seres humanos que salieron de Egipto. El mal es de muchos y el bien solo de unos pocos. El mal se ha llevado la victoria, Satanás ha conseguido apartar a la humanidad de la adoración verdadera.

El amor y el odio han estado en la vida a disposición de los seres humanos estas energías no se crean ni se destruyen se transforman en una realidad cuando se utilizan, están ahí desde la creación del mundo y se mantienen siempre constantes. Permanecer en el amor incondicional a Dios y al prójimo es la más alta frecuencia que existe. Pero los seres humanos tienen una deficiencia son imperfectos han elegido la energía de odio para desenvolverse en la vida y ahora hay esa situación social que anunciaba Jesucristo. En ese paradigma de traición y muerte están sus verdaderos seguidores, los que han decidido cumplir los Mandamientos de Dios Nuestro Señor y mantenerse de por vida en el amor a Dios y al prójimo. La gente buena y justa que hay en el mundo ha venido siendo año tras año entregada a la tortura y a la muerte, atacada por los aliados del diablo con el poder de las fuerzas del mal. Hablamos de un poder manejado por los obradores de iniquidad, por seres humanos ancestrales que prevalecen multiplicados en nuestros días. Los Discípulos preguntaban a Jesucristo, cuándo y cuál sería el signo de su Venida y del fin del mundo.

San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan transcriben el mensaje que Jesucristo pronuncia sobre el periodo de gran angustia que precede a la Venida del Reino de Dios a la Tierra. Mateo refleja el clima de persecución que hay en la sociedad y en el mundo, un paradigma de traiciones y odios mutuos entre unos y otros. La gente odia, maldice y desea todo lo malo a su prójimo: “Muchos se escandalizarán entonces y se traicionarán  y odiarán mutuamente. Y al crecer cada vez más la iniquidad, la caridad de muchos se enfriará. Pero el que persevere hasta el fin, ese se salvará.” (Mt. 24, 9- 13). La fe, la esperanza y la caridad, son las tres virtudes cristianas. “Pero la mayor de todas ellas es la caridad.” (Co. 13, 13). La caridad alcanza su plenitud ahora en la Parusía. El amor ha desaparecido de la faz de la Tierra. En esta situación, Jesucristo anima a  perseverar con fe y a seguir amando y dando testimonio de Dios con valentía, a no dejarse marcar por Satanás. Con sus palabras reproduce nuestro tiempo, Jesús notifica la persecución que acompaña a su peregrinación sobre la Tierra. Los cristianos han pasado por la prueba final que ha sacudido la fe de numerosos creyentes, que prefieren la compañía del mundo a la soledad con Dios.

 O son Anticristo o están afectados por el demonio o dominados por los primeros. ¡Nadie ha nacido para destacar! ¡Se dirigen como borregos hacia el matadero! No se encuentra a nadie, la puerta es estrecha, como decía Jesucristo, de uno en uno hay que entrar en el reino de los cielos. “Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; más ¡que estrecha es la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran.” (Mt. 7, 13- 14). Por eso San Lucas se preguntaba “cuando el Hijo de hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?”  (Lc. 18, 8). La hora del Señor ha venido cuando nadie la esperaba, porque ¿quien cree ahora en el Señor Jesucristo? Para muchos seres humanos Jesús no era el Hijo de Dios, sino un hombre normal, un gran filósofo que enseñaba una doctrina, basada en una forma de vida perfecta hecho todo por amor. Y, para muchos católicos Jesús ni existió, creen que el nombre Jesús es un invento para transmitr una forma de ser y de vivir.

Jesucristo, Hijo de Dios, nos previene respecto a las pruebas que nos aguardaban: “Os he dicho esto para que no os escandalicéis. Os expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios. Y esto os lo harán porque no han conocido ni al Padre i a mí. Os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho.” (Jn. 16, 1- 4). Hemos sido expulsados de las Iglesias y también de la sociedad, no hay lugar para la Verdad. La Verdad ha sido conducida a la clandestinidad, suprimida: “El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi palabra, también la vuestra guardarán.” (Jn. 15, 20). Jesucristo informa a los suyos para que su fe no vacilara y fueran pacientes. Al solidario amor de sus seguidores, Jesús antepone el odio que les profesaría el mundo su suerte tenía que ser idéntica a la de Jesucristo. Y, así ha sido, los obradores de iniquidad persiguen a Jesús atacando con crueldad y hasta la muerte a la gente buena.

Cuando los Apóstoles tratan el retorno de Jesús describen la situación social que estamos viviendo. “Y la Mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios para ser alimentada mil doscientos sesenta días.” (Ap. 12, 6). Esta “Mujer” es identificada como la verdadera Iglesia de Jesucristo y San Juan utiliza el desierto para simbolizar su refugio. La verdadera iglesia de Jesucristo no es un templo ni una institución, la verdadera iglesia de Jesucristo la forman los seres humanos que aman a su prójimo. Las personas más buenas y humildes de la sociedad están sometidas al desprecio, a la indiferencia y al olvido. Somos seres sociales y necesitamos vivir en relación con los demás, la ruptura social significa para el excluido la enfermedad y la muerte. La soledad es la prueba más dura de soportar, hay personas que temen nueve veces más a la soledad que a la muerte. La sociedad ataca de todas las formas posibles a los verdaderos seguidores de Jesucristo. Y, para poder soportarlo, hay que alimentarse de la vida divina. El Señor Jesucristo describe un mundo hostil a las personas que aman: “Todos os odiarán por causa de mi nombre. Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza. Con vuestra perseverancia salvareis vuestras almas.”  (Lc. 21, 16). La alianza con el Señor Jesucristo produce aislamiento social. El mundo es romano de ahí ese estado de guerra espiritual que produce hacer presente a Jesucristo. Él es amor y los seres humanos que aman se parecen al Hijo de Dios, son humildes, sinceros y justos en cambio para la sociedad pecadora y perversa, son insoportables. Son atacados con odio y con saña y maldecidos, se les desea todo lo malo y principalmente son los familiares más cercanos. “Y los enemigos de cada cual son los de su casa.” (Mi. 7, 6). Los adeptos a Satanás obtienen de él su energía, totalmente efectiva, para afectar a sus víctimas.

“El Mensaje de Dios” tiene la función de desvelar la actividad de Satanás en el mundo y, por ello, se consolida intérprete excepcional de la conducta humana. El Anticristo, el adversario de los últimos tiempos del que habla San Juan en plural se ensaña sobretodo contra la autentica fe en el Hijo de Dios. Igual da estar en la Iglesia Católica o fuera de ella siempre estamos rodeados. Enfrentados a personas infames, perversas y malvadas que dan a la mentira apariencia de verdad, actúan con doble intención con malicia y a traición. San Juan describe el paradigma del fin del mundo: “Hijos míos, es la última hora. Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido por lo cual nos damos cuento que es ya la última hora.” (1Jn. 2,18). El Anticristo se ha manifestado, la gente mala multiplicada. El aliado del diablo, el hijo de perdición, es una persona individual, trabajando para Satanás. Satanás se ha presentado bajo la forma de una impostura religiosa, que ha proporcionado una solución aparente a los problemas del hombre, mediante el precio de la apostasía de la verdad. Satanás gobierna la vida de sus adeptos dotándoles de toda clase de bienes: salud, dinero y poder. La impostura religiosa suprema del Anticristo, es la de un pseudomesianismo, donde el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido de la carne.

Los Anticristo han trabajado para el diablo desde el misterio y, ahora, después de ser desvelada la Profecía lo hacen a luz del día, ha llegado el tiempo de la manifestación final. Los actores del mundo dicen que todo va bien. San Pablo anuncia lo contrario: “La venida del Impío estará señalada por el influjo de Satanás, con toda clase de milagros, signos, prodigios engañosos, y todo tipo de maldades que seducirán a los que se han de condenar por no haber aceptado el amor de la vedad que les hubiera salvado.” (2Ts. 2, 9). San Juan se adelanta a nuestro tiempo y reproduce nuestros días. La Biblia descrita anteriormente es paralela con la de San Mt. 24, 24; ambas previenen sobre la situación del mundo actual, la llegada de Jesús a la Tierra está siendo precedida de señales reconocibles. La manifestación del impío responde a la manifestación del Señor. La actividad de los Anticristo tiene los días contados. San Pablo sentencia: “El Impío, a quien el Señor destruirá con el soplo de su boca, y aniquilará con la manifestación de su Venida.” (2Ts. 2, 8). Jesucristo es prodigioso, se ha propuesto terminar de inmediato con la mentira y con todos sus secuaces. La mentira ha sido el obstáculo que ha impedido a la Parusía ser divulgada desde el momento en que se anuncia. La Verdad destruye el obstáculo y el impío queda descubierto.

El Anticristo pertenece al linaje de Caín, el maldito héroe del mal, es una persona que en su estado natural, libremente ha negado a Dios: “Que es amor”. El Anticristo se ha dedicado a perseguir a su prójimo, principalmente a la gente buena, “los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús”. (Ap. 12, 17). Los leales a Satanás llevan marcada “La cifra de la Bestia… su cifra es el 666”. (Ap. 13, 18). Se trata de un número misterioso que provoca en las personas una reacción de comportamiento y un aspecto exterior que hace posible la identificación y la posterior alianza de todos sus aliados entre sí. Hay síntomas físicos y psíquicos en los Anticristo que nos permiten ver la marca de la Bestia. Síntomas físicos que en muchos casos son los mismos que tienen los afectados o poseídos por el demonio, pero con repercusiones muy diferentes para el Anticristo. Que aparece orgulloso y lleno de poder, fuerza y salud. Las señales físicas son un filtro para poder detectar a estos individuos que engañan y matan.

Dios ha creado a los seres humanos con cualidades mentales y emocionales, implantando en ellos la conciencia. Criaturas con intelecto, con capacidad para sentir y voluntad. “Y dijo Dios: `Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra.`”  (Gn. 1, 26). Ser imagen y semejanza de Dios supone que, al estar dotado de inteligencia y voluntad, el ser humano puede entrar activamente en relación con el Señor, a través de su energía que es amor. En nuestra vida física todo está directamente relacionado proporcionalmente al nivel de conciencia existente en cada individuo. Para ello Dios ha permitido a los seres humanos decidir si querían usar o no la conciencia, porque con ella los seres humanos han podido discernir entre el bien y el mal, entre la verdad y la mentira. Por eso Dios les otorgó la conciencia que el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española ha definido como: “Conocimiento interior del bien y del mal.” Para Dios son inteligentes: “Aquellos que, por la costumbre, tienen las facultades ejercitadas en el discernimiento del bien y del mal.” (Hb. 5, 14). Dios se relaciona con los seres humanos a través de la conciencia, pero los impíos han dado más relevancia a esa libertad que les ha permitido hacer lo que ellos han querido, que a la conciencia que les impedía cumplir sus malos deseos; por eso la han eliminado de sus vidas y han aparecido como seres sin conciencia, mentiroso y malos. Los obradores de iniquidad han eliminado la conciencia de sus vidas y han podido acceder y aliarse al diablo malogrando así su destino.

Pensadores más influyentes de la Historia Occidental reflexionaron sobre el sentido de la vida, buscaron más  allá de lo que veían sus ojos. Sócrates y Platón son los primeros que intentan alterar está forma de vida, elegida por mayoría de seres humanos, descubriendo sus secretos. Cuando Sócrates y Platón exponen al mundo la existencia de una vida paralela, que es la verdadera, ponen en peligro sus vidas. A Sócrates le hicieron quitarse la vida y a Platón guardar silencio en el exilio. Se ejecuta la muerte física o la muerte social de todas las personas que defienden la Verdad. Esto es algo que ha venido ocurriendo a lo largo de la historia. Con Sócrates y Platón se inicia el conocimiento de la verdadera ciencia, hablamos de la Verdad absoluta con la que es creado el universo con todo lo que lo compone. Descubrir la Verdad lleva consigo un conocimiento global de la totalidad de lo real y una visión completa del orden que preside el mundo. En el mundo real, donde todo es Verdad, las ideas son perfectas, únicas no se pueden ni alterar ni cambiar. El ser humano es materia y también espíritu. Sócrates y Platón descubren el mundo espiritual y viven una experiencia inefable, quedan fascinados por lo perfecto, con la percepción del alma. ¿Qué es el alma? El alma es todo lo que somos, el alma es un espíritu con un registro de memoria que guarda todos los actos relativos al ser humano. Por eso en nuestra vida, desempeña una gran labor la conciencia, facultad innata del alma de cada persona, solo a través de ella es posible alcanzar el conocimiento de la Verdad. Pero el alma de los seres humanos ha quedado aletargada, imposibilitados para elevarse hacía el conocimiento.

La teología es una ciencia comprobada se encarga del estudio de las creencias humanas y, también, de la conducta transpersonal de la raza humana. Fernando Rodríguez Bornaetxea en su día profesor de Historia de Psicología y Psicología Transpersonal en la Universidad del País Vasco, dice al respecto: “El ámbito de influencia de la Psicología Transpersonal ha ido extendiéndose paulatinamente y más que ceñirse al campo de lo psicológico, hoy día recubre todo el espectro del conocimiento humano resultando una forma integrativa de comprensión del Universo y sus criaturas, en otros términos un auténtico Paradigma”. La ciencia aunque se está aproximando a la sabiduría, no sabe, ni tiene idea de todo lo que puede llegar a hacer y es capaz la mente humana. Porque el hombre sin Dios, procede al modo humano, vive de lo terrenal “no acepta las cosas del Espíritu de Dios; son locura para él. Y no las puede entender, pues sólo espiritualmente pueden ser juzgadas.” (1 Co. 2, 14).

“El Mensaje de Dios” por ser teológico viene a ser científico, se vasa en la doctrina de Jesús, que es la Ciencia Universal. Dios es la Ciencia pura, la revelación y la explicación del Todo sobre el Todo, un fenómeno natural por excelencia, el Verdadero Conocimiento del saber por sí mismo sin tener en cuenta las aplicaciones científicas. La mente, las emociones todo lo que nos rodea es metafísica. Dios es la Ciencia y su Hijo Jesucristo el metafísico Divino. Hablamos de un conocimiento misterioso y encubierto de las Sagradas Escrituras, que responde a todas las preguntas hechas por los fundamentos del Principio y el Fin de todo lo existente. Logra una comprensión teórica completa, tiene como fin conocer la verdad más profunda de todas las cosas.

Este “Mensaje de Dios” anuncia que esta forma de vida se ha fundado en la mentira y, así notifica el afamado científico de la Universidad de Cambridge . Robert Kurzban, profesor de psicología, tiene una original visión de la evolución, dice que los seres humanos han evolucionado para competir con los que les rodean: “En parte la competitividad se basa en convencer a los demás de cosas que no son ciertas. El engaño forma parte integral de lo que supone ser producto de la evolución, es una parte bastante importante de lo que significa ser un ser humano. Albergar ideas creencias falsas puede ser útil para convencer a los demás sobre algo que queremos que crean, de un modo u otro. La hipocresía está por todas partes y creo que es fruto de la naturaleza de la mente humana”. Los seres humanos que han elegido la verdad por encima de todo para desenvolverse en la vida, son los que han tenido muchas menos posibilidades de encontrar trabajo, de tener amigos, de encontrar pareja.

Los científicos dicen que todos estamos conectados por una “matriz divina” por una energía inteligente que está en todas partes y en cada uno de nosotros. Elon Musk, el cofundador de PayPal, hace una reflexión de lo más absurda cuando dice estar convencido que todos nosotros estamos viviendo en una simulación por ordenador gigante. Elon Musk, habla de una Inteligencia Artificial que domina el mundo, que no es natural. El científico algo está empezando a entender. Pero no sabe que hay dos energías en la Tierra a disposición de los seres humanos: la verdad o la mentira de Dios o del diablo y desgraciadamente todo el mundo ha elegido a Satanás para desenvolverse en la vida.

El científico no sabe que esta forma de vida es obra de Satanás y que por eso los seres humanos están viviendo en una simulación, una realidad virtual, inventada por el demonio. Y, así, hemos tenido a millones y millones de personas interactuando con el diablo y superándose la cifra cada año. El mundo entero se halla en poder del maligno. Satanás ha organizado a sus aliados y los ha dotado de una inteligencia artificial que ellos han aceptado conscientemente. Y, ahora, los seres humanos desconocen que su vida son ilusiones creadas, que están conectados a Satanás y no pueden escapar al mundo verdadero. Es como un juego. Satanás se ha llevado para sí mismo a personas que libremente han elegido la mentira para vivir esta vida, a personas plenamente conscientes, capaces de pensar libremente, y tomar sus propias decisiones.

En 2015 el físico teórico estadounidense Michio Kaku, llegó a la misma conclusión que Elon Musk, que los seres humanos vivimos como en una situación de control, por una especie de gran arquitecto inteligente, que utiliza un estrategia no muy diferente de un juego de ordenador. Nosotros vemos lo que los científicos no pueden ver, por eso podemos comunicar la verdad al mundo. La visión es tan real que solo puede transmitir credibilidad. Esa energía inteligente que acabará con el mundo es Satanás. El mundo entero se halla en poder del maligno, todos los seres humanos han acabado siendo mascotas del diablo. La inteligencia artificial que controla el mundo es Satanás y el mundo se halla a su servicio, todo es mentira en la Tierra. Y Elon Musk no anda lejos cuando dice que la inteligencia artificial podría significar el fin de la humanidad tal como la conocemos.

Los Anticristo son beneficiados por Satanás con poderes sobrenaturales que facilitan su existencia, tienen una calidad de vida buena, muy buena, no sufren estrés ni depresión y, por consiguiente, su aspecto físico y psíquico es excelente ideal para seducir y agradar a la gente. El Anticristo tiene una apariencia de pacificador y una fascinante forma de hablar que ha cautivado, tiene doble faz, una cara en público y otra en privado. No se puede negar que la belleza y el atractivo físico tengan la misma fuerza irresistible del imán. Los Anticristos son seductores, la energía ordinaria de Satanás contribuye a potenciar ese aspecto tan saludable y tan deseable para muchos. “No hay congoja para ellos, sano y rollizo está su cuerpo; no comparten las penas de los hombres, no pasan tribulaciones como los otros.” (Sal. 73, 4). Así es como funciona la mente del obrador de iniquidad que mediante el poder de las fuerzas del mal alcanza todas sus potencialidades en la vida. Los Anticristos son enormemente beneficiados por Satanás. Juan muestra en acción las fuerzas alzadas contra Cristo: “Y seduce a los habitantes de la tierra con los signos que le han sido concedido obrar al servicio de la Bestia.”(Ap. 13, 14). El cometido de los Anticristo ha sido establecer la mentira en la Tierra, la mentira es el mundo al revés. Y, ahora, nada de lo que parece es cierto, la mentira es el signo de los tiempos, Satanás domina el  mundo. Pero la obra del demonio sirve a Dios para sus planes. Satanás es colaborador sólo a la magnificencia de la victoria final de Dios. El demonio llenará el infierno con sus adeptos los Anticristo, los impíos, la gente mala.

Este mensaje lleva como garantía la Verdad. Pero “¿Qué es la verdad?” (Jn. 18, 38), decía Poncio Pilato. La Verdad advierte la existencia de Dios y de su Hijo Jesucristo como dueños absolutos del mundo y de los seres humanos. Con la Verdad se obtiene la comprensión de lo desconocido, sobre todo, de todo aquello que ocurre a nuestro alrededor cuando observamos las leyes naturales. La Verdad es el conocimiento puro que emana de Dios. Este mensaje de Dios debería haber sido interpretado fielmente. Ha realizado una labor real en un mundo real. Descubre a una sociedad tremendamente perversa, cruel y mentirosa. Todo es mentira en la Tierra, no hay progreso, ni valores ni nada de lo que estos seres humanos nos han venido diciendo.

La Verdad es desconcierto y desengaño al identificar y señalar cómo y quién es el Anticristo. La mayoría de la gente y los Anticristo mismo pueden llegar a estar muy sorprendidos de su identidad. Los Anticristo están por todas partes y también en todas las religiones. Judíos y católicos están con el orden monoteísta (religioso) de Moisés que se fundamenta en a quien Dios ama, le da prosperidad, salud y felicidad y a quien rechaza, lo vuelve pobre, miserable, enfermo, desgraciado e infeliz. Judíos y católicos interpretan falsamente las Sagradas Escrituras. Creen que gozan de una preeminencia en cuanto al juicio y la retribución, que son privilegiados, beneficiados con todo tipo de bienes y por el perdón de los pecados, al mismo tiempo que pueden seguir pecando. Se hacen pasar como portadores de una liberación más profunda y universal. Una reflexión que está difamando terriblemente a Dios y haciéndole cómplice de sus pecados. ¿Cómo se atreven a decir que son beneficiados por Dios? El Antiguo Testamento se refiere exclusivamente a un pacto entre Dios e Israel de camino por el desierto, sin ninguna relación con los hombres y las mujeres de nuestro tiempo.

El Señor Yahvé habló enfurecido a Moisés en el desierto: “¡Anda, baja! Porque se ha pervertido tu pueblo, el que sacaste del país de Egipto. Bien pronto se han apartado del camino que yo les había prescrito. Se han hecho un becerro fundido y se han postrado ante él; le han ofrecido sacrificios y han dicho: ‘Éste es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto.’ Y añadió Yahvé a Moisés: ‘Ya veo que este pueblo es pueblo de dura cerviz déjame ahora que se encienda mi ira contra ellos y los devore; de ti, en cambio, haré un gran pueblo’”. (Ex. 32, 7- 10). El Señor Yahvé no consideraba culpable a todos los israelitas sino solo a los que le desobedecían. Dios quiso exterminar a los pecadores que había en su pueblo, Israel, pero por complacer a Moisés, el Señor los perdonó y renunció a lo que había dicho que haría. En el evangelio de San Juan, Jesús habla a los pecadores de Israel y a los de nuestro tiempo: “No penséis que os voy a acusar yo delante el Padre. Vuestro acusador es Moisés, en quien habéis puesto vuestra esperanza.” (Jn. 5, 45). Ahora los judíos y los católicos que son pecadores están siendo acusados ante el tribunal de Dios, por Moisés mismo, justamente en quien ellos ponen su confianza. Desgracia hallarán quienes se sienten arropados y seguros en la Iglesia Católica. Las iglesias serán quemadas y los templos destruidos de la Iglesia Católica y todas las iglesias que hayan difamado a Dios. El bando de Dios liderado por Jesucristo, es un ejército de arcángeles, ángeles, santos y fieles seguidores de la Tierra. El Ejército de Dios tiene todo el Poder. Satanás y sus adeptos no podrán forzar al jaque mate al contrario. Estamos en ese tiempo, donde Dios efectuará el jaque mate a Satanás y a todos sus aliados. Es el final de la mentira en la Tierra.

Los israelitas se sublevaron una y mil veces contra Dios y, por ello, Señor Nuestro Dios los retuvo vagando por el desierto y Moisés también pagó por ello y no pudo entrar en la Tierra Prometida. El profeta estuvo guiando al pueblo de Israel durante cuarenta años a través del desierto. Les recrimina a los israelitas: “Por culpa de ustedes Yahvé se irritó también contra mí” (Dt 1,37). Y les reitera: “Por culpa de ustedes Yahvé se enojó conmigo y juró que yo no pasaría el Jordán ni entraría en la espléndida tierra” (Dt 4,21) Y Moisés murió y fue enterrado en el desierto en una tumba que nadie jamás visitaría.

El Señor Yahvé mandó a su querido Hijo Jesucristo a la Tierra para terminar para siempre con el pecado. La llegada del Hijo de Dios a la Tierra cambió los términos y, después de su muerte, es la última posibilidad para entrar en la vida Eterna. En el Nuevo Testamento la situación es totalmente opuesta al Antiguo Testamento donde el Señor perdona pecado sobre pecado. El verdadero seguidor de Jesucristo, ni puede pecar ni ser feliz en la Tierra. Es atacado y perseguido cruelmente como fue Jesucristo y esa es la identificación del verdadero seguidor de Dios. Hay que sufrir, la cruz es el tránsito que lleva a la vida Eterna, es la persecución que acompaña a su peregrinación sobre la Tierra. Recordemos el sufrimiento brutal de Jesucristo cuando estaba en la cruz. La cruz simboliza el camino hacia el cielo y es ahí donde los seguidores de Jesucristo son atacados por los enemigos de Dios hasta la muerte. Jesucristo se alza sobre el Antiguo Testamento como único referente para seguir a Dios. El Hijo de Dios es el Rey entronizado a quien todos deben obediencia. Jesucristo proclama: “Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Último el Principio y el Fin.” (Ap. 22, 13).

Los Anticristo, son la gente mala, el obstáculo que retiene la Verdad, que impide que sea aceptado el anuncio de la Parusía, el inminente retorno de Jesucristo a la Tierra. Los Anticristo dominan las sociedades, con el poder de Satanás y no quieren que se haga público el retorno de Cristo, es la lucha de David contra Goliat: “En la sede del derecho, la iniquidad; en el sitial del justo, el impío.” (Qo. 3, 16). La constancia es la receta del éxito, de ahí el refrán de “persevera y triunfarás”. La perseverancia es la virtud de ser inasequibles al desaliento. Gota a gota hasta conseguir agujerear la roca y es que la gota es capaz de perforar la roca. “La gota horada la piedra no por fuerza, sino por su constancia” Publio Ovidio Nasón ¡Qué aforismo más bello! ¡Qué metáfora más bonita! ¡Y qué gran verdad! El objetivo de la persona elegida que anuncia el fin del mundo, es la de perseverar en la fe hasta que el obstáculo desfallezca.

Lo fantástico que observamos en las Sagradas Escrituras es descrito enseñanzas metafóricas. Pero esto no significa que todo aquello fantástico que aparece en las enseñanzas bíblicas sea sólo metáfora pues también ha de ser entendido de una manera literal. Todo en este mundo está conectado, de tal forma que apenas la ciencia está empezando a entender y a tomar en serio para su estudio. La ciencia se halla en el camino hacia la comprensión de los fenómenos de la conciencia y la experiencia interior. El conocimiento sobrenatural del mundo de las energías, la ciencia lo llama “holograma cuántico”, acceder al mundo real de todas las cosas, de las posibilidades más allá del estado físico en el cual estamos sumergidos. Y cuando los científicos hablan de la criptografía cuántica, de la ciencia para la comunicación secreta entre dos partes, exponen la comunicación entre Dios y sus verdaderos seguidores, o entre Satanás y sus secuaces. Son poderes totalmente accesibles a la mente humana creados por Dios Nuestro Señor para que los seres humanos interactuaran e eligieran voluntariamente, evolucionar o retroceder. El poder de Dios y el de Satanás son las únicas actividades secretas de comunicación en la Tierra y nadie puede interceptarlas, es imposible, para un tercero, identificarlas mientras se están realizando. Pero sí pueden verse sus efectos en los seres humanos y en el mundo. Todo ello forma parte del plan cósmico de su Creador.

La Historia de la Biblia se basa en hechos reales, las Sagradas Escrituras narran el conocimiento que los hombres tienen de Dios, proporcionan una perfecta formación humana y una eficaz capacidad ensalzadora o defensa de Dios. La presencia de Dios es permanente en la existencia del hombre de Principio a Fin. “El Mensaje de Dios” es llevado a cabo por orden de Dios. El que no sigue a Dios está incapacitado para interpretar y no puede recibir su mensaje. Padece un endurecimiento voluntario y culpable, causa que explica la falta de discernimiento en la comprensión. La predicación externa solo penetra en las almas abiertas a Dios, guiadas por la gracia del Espíritu Santo. Gracias al Espíritu Santo los mensajes de Jesús son “espíritu y vida.” (Jn. 6, 63). Las palabras de Jesús manifiestan una realidad divina que sólo el Espíritu Santo puede hacernos comprender. La presencia de Dios en el hombre se comunica de una forma intima, es la excelencia de los tiempos mesiánicos. Dios deposita en sus verdaderos seguidores el don de su Espíritu. Los corazones rectos y puros están abiertos sin limitaciones a la presencia y acción de Dios en la Tierra. Gozan del discernimiento de la Palabra de Dios y pueden llegar a entender a la perfección “El Mensaje de Dios”. Y Jesucristo los felicita:

“¡Dichosos vuestros ojos porque ven y vuestros oídos, porque oyen! Pues os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y o lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.” (Mt. 13, 16- 17).

“El Mensaje de Dios” requiere de la oración, pues todos los verdaderos seguidores de Dios han de ayudar a la misión. La noticia ha de seguir propagándose, en virtud del impulso divino, y una vez recibida y vivida será glorificada por Dios que la ha enviado. Jesucristo predecía: “Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os explicará lo que ha de venir.” (Jn. 16, 13- 15). Y, ahora, lo que “ha de venir” son los acontecimientos que van a desencadenarse hasta la llegada de Jesús a la Tierra. Ha llegado la hora en que todo sea como lo pedimos en el Padre Nuestro: “Hágase Tú voluntad en la Tierra como en el cielo.”

Nos hallamos en el fin de la era presente y a la espera de la llegada inminente del Reino de Dios a la Tierra, cuyo final anticipa la caída de todo lo humano. Según los profetas Ezequiel, Daniel, San Juan y el propio Hijo de Dios será un cataclismo para las naciones, todos los sistemas serán destruidos : el financiero, el sanitario, el educativo, el judicial… Todo lo creado por mano humana desaparecerá sin que nadie pueda hacer nada por evitarlo. El Señor Jesucristo se dispone a hacer nuevas todas las cosas: “Estas palabras son ciertas y verdaderas.” (Ap. 21, 5). La Creación será renovada, liberada de servidumbre de la corrupción, transformada por la gloria de Dios en un mundo perfecto. Quieran o no todos los seres humanos tienen que ser conscientes de lo que les espera y cuando todos lo sepan: “Vendrá el fin”. (Mt. 24, 14). Los judíos esperan la venida del Mesías por primera vez y los verdaderos seguidores de Dios esperan la Última Venida del Señor. Grandioso advenimiento precedido por una serie de hechos mediante los cuales Dios restaurará el mundo.

“El Mensaje de Dios” hace una reflexión en la que el hombre entra en un mundo que tiene significado. “El Mensaje de Dios” procede del cielo, una forma sobrenatural comunica la voz de Dios a su pueblo, fruto del Espíritu Santo. El Señor otorga los dones que garantizan la predicación: el milagro de profecía y sabiduría, verdades y propósitos de Dios.

El último silencio de Dios viene con la extraordinaria manifestación divina el día de Pentecostés hasta nuestros días. Los discípulos de Jesús eran judíos y predicaban a los judíos. La Iglesia primitiva era casi toda ella judía, hay que reconocer que los judíos fueron el pueblo elegido, ellos tienen esa distinción pues el Señor Jesús nació entre ellos. Al principio el Evangelio se anunciaba sólo por Jerusalén y Judea pero su misión era universal, como lo pedía el Señor: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. (Mt. 28, 19). El espíritu de la Verdad se derramó en Pentecostés, aquel día se inicia la Iglesia de Jesús y comienza la misión de los verdaderos cristianos de la defensa de Dios. La vida de la comunidad cristiana primitiva es una total proclamación existencial del Evangelio. Sus miembros llevan consigo al Espíritu Santo, concedido a todo cristiano verdadero y actúan en consecuencia. Conviven como hermanos amándose unos a otros como Jesucristo los amo. Un rasgo del tiempo mesiánico capaz de discernir lo que el Espíritu del Señor inspira. Si el Espíritu Santo no actúa sobre nosotros, tenemos una visión falsa de la realidad. El Espíritu Santo nos ilumina dándonos la inteligencia sobre el estado real de las cosas. Es un don procedente de la Venida en Espíritu de Jesucristo. San Bernardo explica: “Es oculta, y en ella sólo los elegidos ven al Señor en lo más íntimo de sí mismos, y así sus almas se salvan. De manera que, en la primera venida, el Señor vino en carne y debilidad; en esta segunda, en espíritu y poder; y, en la última, en gloria y majestad”. 

Dios actuará directa y portentosamente como lo hizo con prodigios admirables en el pasado. La misión esencial de los elegidos de Dios es ahora dar a conocer el glorioso advenimiento de la Parusía. Un acontecimiento que forma parte de los planes de Dios, desde la Creación del mundo. La Parusía es un estimulo para los verdaderos seguidores de Jesucristo. El Espíritu Santo, es un Poder enviado de junto a Dios por Jesucristo, para la difusión de la Buena Nueva. Estamos en el tiempo de la promesa de Jesús de infundir “Poder y “Espíritu” sobre sus elegidos y, de esta manera, llevar a cabo la obra que Dios les ha asignado: anunciar a Jesús al mundo. Ha llegado la hora que San Juan Evangelista profetiza: “Cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros, y de este modo seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra” (Hch. 1, 8). El Espíritu Santo es la fuerza que anuncia a Jesucristo a pesar de las persecuciones y da testimonio de Él. Ser elegido, lleva consigo una alianza Eterna de amor a Dios, y una obediencia absoluta a todo lo que Él manda. El Señor lo ha tenido siempre muy difícil y para facilitar de una vez y para siempre, las relaciones con los seres humanos, decide mandar a su Santísimo y querido Hijo Jesucristo a la Tierra.

Recordamos las palabras de Jesús: “El Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho.” (Jn.14, 26). Gracias a la acción del Espíritu Santo sabemos el tiempo que estamos viviendo y, por ello, esperando la segunda realización del milagro de Pentecostés, prometido por el Señor Jesucristo para el Fin de los Tiempos. Y, así, los elegidos de Dios podrán en el nombre de Jesucristo conseguir los asombrosos milagros que hacían los Apóstoles: liberaciones, curaciones… Los milagros volverán a realizarse, son necesarios para que la gente crea y tema al Señor. San Pedro y San Juan realizaron la curación de un hombre que no podía andar y les pedía limosna: “Pedro le dijo: ´No tengo plata ni oro, pero lo que tengo, te lo doy: En nombre de Jesucristo, el Nazoreo, echa a andar. ` Y tomándole de la mano derecha le levantó. Al instante sus pies y sus tobillos cobraron fuerza y de un salto se puso en pie y andaba. Entró con ellos en el Templo andando, saltando y alabando a Dios.” (Hch. 3, 6- 8). Las palabras de San Pedro y san Juan se realizaban, por su fe lo curaron pero en ningún momento se atribuyeron ellos la curación. San Pedro y San Juan sabían que aquella curación se había efectuado gracias a la acción del Espíritu Santo. Lo cual pone de manifiesto que aquellos cristianos estaban cerca, muy cerca de Dios, llenos de Espíritu Santo.

Después del Testimonio de Jesucristo no hay excusa para nadie. Por ello sabemos de la existencia de una realidad muy distinta a la formada por muchos seres humanos, que señala rotundamente quienes son los elegidos de Dios. La Iglesia de Jesucristo no es un templo ni una institución ni una congregación. La Iglesia de Jesucristo la forman los  seres humanos de amor que hay repartidos por el mundo. El verdadero pueblo de Dios se halla mezclado entre judíos, católicos, ortodoxos, protestantes, árabes y, entre gente de toda raza y condición. Decimos esto porque Dios “es amor” y sólo las personas que han amado de verdad formarán parte del Reino de Dios. “No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” (Mt. 7, 21). Para Dios no hay distinción los suyos se hallan entre gente de toda raza y condición. En el otro mundo no estaremos solos, seremos millones, cuando seamos reunidos por el Señor Jesucristo.

Las profecías anuncian el nacimiento, la muerte y la resurrección de Jesucristo. Dios promete al rey David el nacimiento de un hijo que establecería su reino: “Yahvé te anuncia que Yahvé te edificará una casa… afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré el trono de su realeza. (Él constituirá una casa para mi Nombre y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre) Yo seré para él padre y él será para mí hijo.” (2 S. 7, 11- 14). La Promesa hecha al rey David empieza a efectuarse con el nacimiento de Jesucristo, todo ha de realizarse en Jesús. En cuanto hombre, “acerca de su Hijo, nacido del linaje de David según la carne” (Rm. 1-3). Dios es fiel a sus promesas y a sus palabras, si se compromete cumple. Los Profetas se entregan completamente a Dios y hacen y dicen todo lo que el Señor manda. La ejecución de las palabras de los profetas es uno de los criterios de la autenticidad de su misión.

San Lucas informa sobre la genealogía de la Virgen María, el origen de Jesús procedía del linaje de David, tanto por su padre adoptivo como de la Virgen María que lo engendró. Pero San Mateo da total relevancia a la genealogía de José, esposo de la Virgen María. Jesús es descendiente del rey David, por sus orígenes humanos y, también, de Dios por su carácter divino, lo cual le hace superior a David y a toda la raza humana. San Mateo hace el recorrido dinástico desde el rey David a José, simbolizando la sucesión de la dinastía del padre adoptivo de Jesucristo. “Y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. Así que el total de las generaciones son: desde Abrahán hasta David, catorce generaciones; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.” (Mt. 1, 16). Jesucristo es el Hijo de Dios, pero desde el punto de vista legal y según la creencia popular, Jesús era hijo de José. San José se entrega totalmente a Dios y hace todo lo que el Señor le manda, acoge a la Virgen María embarazada e instaura la Sagrada Familia de Nazaret. En los registros oficiales del templo de Jerusalén, Jesús estaba registrado como hijo de José y de María: “Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le puso el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno.” (Luc. 2, 21). En aquella época y siempre la paternidad legal basta para conferir todos los derechos hereditarios y en lo referente a Jesucristo los del linaje davídico.

El Apocalipsis se centra en la gloriosa Venida y en la Entronización solemne del Rey Mesías que reinará con sus elegidos, en virtud de la promesa hecha anticipadamente Al Rey David. Con el nacimiento de Jesucristo nuestra humanidad entra en proceso divino. El Hijo de Dios es la piedra “Angular“, fundamental para la edificación del Nuevo Mundo. Jesús gobernará acompañado de sus verdaderos seguidores, las personas que aman olvidarán su calvario en la Tierra y gozarán para siempre de la presencia integral de Jesús. Lo que concierne al retorno glorioso de Jesucristo está realizándose. Los hilos del entramado mundial los maneja Jesucristo, en medio del caos hay un orden.

Nos hallamos en el tiempo profetizado por Daniel, la llegada de Jesucristo a la Tierra es inminente. Daniel anuncia nuestro tiempo: “Le dieron poder, honor y reino y todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su poder es eterno y nunca pasará, y su reino no será destruido.” (Dn. 7, 14). Es el tiempo del cumplimiento de la promesa hecha al rey David. Jesucristo, el Heredero de David supera misteriosamente la condición humana: “El león de la tribu de Judá.” (Ap. 5, 5), ha triunfado por su resurrección y, ahora, después de la destrucción de sus enemigos reinará con sus elegidos. El Antiguo y el Nuevo Testamento se complementan. El Apocalipsis ofrece un paralelo cercano y esclarecedor con el Antiguo Testamento. Ambos anuncian a Jesucristo, Hijo de Dios gobernando el mundo.

El castigo forma parte del argumento de la revelación, las profecías son para realizarse, aunque la gente diga: “Cada vez que se pone fecha para el fin del mundo nunca se cumple.” Muchas personas han predicho el fin del mundo y han fallado, solo las prediciones que proceden de Dios se realizan. “El Mensaje de Dios” se consumará de inmediato. Ahora el castigo es inminente: “Así dice el Señor Yahvé: Yo haré que calle ese proverbio; no se volverá a repetir… llegan los días en que toda visión se cumplirá, pues ya no habrá ni visión vana ni presagio mentiroso… lo que yo hablo es una palabra que se cumple sin dilación. Sí en vuestros días, yo pronunciaré una palabra y la ejecutaré, oráculo del Señor Yahvé.”(Ez. 12, 23- 25). Para Dios el castigo es doloroso pero es algo que exige su justicia. El mensaje de la Biblia es imperecedero e inmutable tiene vida eterna. El anuncio del fin de esta forma de vida queda zanjado. “El Mensaje de Dios” sentencia lo que dicen las Sagradas Escrituras, confirma la llegada inmediata de Jesucristo a la Tierra. Todo este mensaje de Dios se cumplirá literalmente. Nos hallamos en el cumplimiento exacto de los textos Sagrados en la persona de Jesucristo.

Cuando el Mesías llegue a la Tierra transformará el mundo, y en vez de la separación entre lo físico y lo espiritual, todo volverá a estar unido como al principio de la Creación. En el mundo creado antes del pecado de Adán y Eva, todo estaba conectado, todo era uno y todo estaba bajo el dominio de Dios.

Cuando el autor del Apocalipsis escribía consideraba que el fin del mundo iba a ser enseguida. Según San Juan el fin del mundo estaba a la vuelta de la esquina. Pero para Dios un año es como un día. El Señor Nuestro Dios dijo a Ezequiel: “Yo te impongo un día por año”. (Ez. 4, 6). Evidentemente nadie ha sabido la fecha de la llegada de Jesús a la Tierra. San Pablo estaba seguro que la Parusía iba a tener lugar antes de su muerte: ¡Mirad! Os revelo un misterio: No moriremos todos, mas todos seremos transformados… En efecto, es necesario que este ser corruptible se revista de incorruptibilidad; y que este ser mortal se revista de inmortalidad.” (Co. 15, 51). Y, San Lucas creía que todo lo que anunciaba pasaría en aquellos días: “Pues de verdad os digo que hay algunos, entre los aquí presentes, que no gustarán la muerte hasta que vean el Reino de Dios.” ( Lc. 9, 27). Los Apóstoles, hablaban para su época y, también, profetizaban para dos mil años después, imposible era que alguno de ellos estuviera presente para dar la bienvenida a Jesucristo. Los apóstoles sin saberlo anunciaban nuestro tiempo, la historia del bien triunfando sobre el mal, el comienzo de una Era de Paz y Felicidad sin fin.