“El Mensaje de Dios”
Estamos en el tiempo que Ezequiel, Daniel, Nostradamus, San Juan, San Malaquías y los Mayas profetizarón. El calendario maya proporciona con exactitud la fecha del fin del mundo termina este mismo año.
San Malaquias diseñó una lista de todos los Papas que liderarían la Iglesia Católica, Benedicto XVI es el penúltimo Papa. Las señales proféticas de San Malaquias cuyos símbolos y distintivos han servido para la identificación de cada Papa. San Malaquias había recibido la información y ha contado de manera objetiva todo lo que el Señor Jesucristo le había revelado.
Las profecías anunciaban el nacimiento, la muerte y la resurrección de Jesucristo. Dios promete a David el nacimiento de un hijo que establecería su reino: “Yahvé te anuncia que Yahvé te edificará una casa… afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré el trono de su realeza. (Él constituirá una casa para mi Nombre y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre) Yo seré para él padre y él será para mí hijo.” (2 S. 7, 11- 14). La Promesa hecha al rey David empieza a efectuarse con el nacimiento de Jesucristo, todo ha de realizarse en Jesús. Dios es fiel a sus promesas y a sus palabras, si se compromete cumple. La ejecución de las palabras de los profetas es uno de los criterios de la autenticidad de su misión.
El Apocalipsis se centra en la gloriosa Venida y en la Entronización solemne del Rey Mesías. Jesús reinará muy pronto con sus fieles seguidores, las personas que aman. Los verdaderos seguidores de Dios olvidarán su calvario en la Tierra y gozarán para siempre de la presencia integral de Jesús. Todo lo que concierne al retorno glorioso de Jesucristo está funcionando. Nos encontramos en el tiempo del cumplimiento de todas las promesas hechas al rey David. Jesucristo, el Heredero de David supera misteriosamente la condición humana: “El león de la tribu de Judá.” (Ap. 5, 5), ha triunfado por su resurrección y, ahora, después de la destrucción de sus enemigos reinará con sus elegidos. Nos hallamos en el tiempo profetizado por Daniel, la llegada de Jesucristo a la Tierra es inminente. Daniel anuncia nuestro tiempo: “Le dieron poder, honor y reino y todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su poder es eterno y nunca pasará, y su reino no será destruido.” (Dn. 7, 14). El Antiguo y el Nuevo Testamento se complementan. El Apocalipsis ofrece un paralelo cercano y esclarecedor con el Antiguo Testamento.
Las profecías son para realizarse, aunque la gente diga: “Cada vez que se pone fecha para el fin del mundo nunca se cumple.” El castigo es inminente: “Así dice el Señor Yahvé: Yo haré que calle ese proverbio; no se volverá a repetir… llegan los días en que toda visión se cumplirá, pues ya no habrá ni visión vana ni presagio mentiroso… lo que yo hablo es una palabra que se cumple sin dilación. Sí en vuestros días, yo pronunciaré una palabra y la ejecutaré, oráculo del Señor Yahvé.”(Ez. 12, 23- 25). El mensaje de la Biblia es imperecedero e inmutable tiene vida eterna. ”El Mensaje de Dios”, sentencia lo que está escrito, confirma la llegada inmediata de Jesucristo a la Tierra. Estamos en el cumplimiento exacto de los textos Sagrados en la persona de Jesucristo.
Cuando el autor del Apocalipsis escribía consideraba que el fin del mundo iba a ser enseguida. Según San Juan el fin del mundo estaba a la vuelta de la esquina. Pero para Dios un año es como un día. El Señor Nuestro Dios dijo a Ezequiel: “Yo te impongo un día por año”. (Ez. 4, 6). Evidentemente nadie ha sabido la fecha de la llegada de Jesús a la tierra. San Lucas creía que escribía para sus días: “Pues de verdad os digo que hay algunos, entre los aquí presentes, que no gustarán la muerte hasta que vean el Reino de Dios.” ( Lc. 9, 27). El Apóstol sin saberlo anunciaba nuestro tiempo. En las primeras comunidades esperaban la vuelta de Jesús con poder y gloria inminentemente; al pasar los años muchos se desanimaron y se frustraron, el cristianismo pasó una de sus primeras crisis: ¡Jesús no viene enseguida! Había que esperar, después del testimonio y la muerte de Jesús había que saber como se desenvolvían los seres humanos. Ahora concluido el tiempo predestinado se acerca el Juicio Final, el día de la sentencia definitiva: la gente mala será borrada de la faz de la Tierra. Se anuncia a los seres humanos una forma de vida nueva que vendrá dada por la llegada de Jesucristo a la Tierra a finales del mes de Diciembre de 2012. Este mensaje lleva como garantía la Verdad. Pero ¿Qué es la verdad? Decía Poncio Pilato: la Verdad es la existencia de Dios y de su Hijo Jesucristo como dueños absolutos del mundo y de los seres humanos.
Las Escrituras recuerdan la Creación del mundo: “Pues en seis días hizo Yahvé el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el séptimo descansó; por eso bendijo el Yahvé el sábado y lo santificó.” (Ex. 20, 11). El Génesis relata los orígenes del mundo y de los seres humanos, Dios Nuestro Señor creó todo cuanto existe, sacándolo de la nada, según un plan meditado. Al principio creó el Cielo y la Tierra, llenando el Cielo de ángeles. Después, en seis días, fue haciendo aparecer todas las cosas que ahora vemos. El primer día hizo la luz, el segundo, creó el Firmamento o Cielo, el tercero, separó las aguas de las tierras e hizo brotar árboles, hierbas, el cuarto, hizo aparecer el sol, la luna y las estrellas, el quinto, creó las aves y los peces y el sexto, creó los animales terrestres, el primer hombre y la primera mujer.
Sólo el Padre y el Hijo pueden dar respuesta a todas las preguntas que se han hecho los seres humanos y a todo lo que está ocurriendo y ha ocurrido en la tierra. En la Verdad nos encontramos con una realidad muy dura y muy cruda: la actividad de Satanás y de sus aliados (la gente mala). Se trata de la revelación de un misterio que nos conduce hacia el secreto más celosamente guardado por los humanos. Y ahora por inspiración divina, se ha manifestado al mundo:
“A aquel que puede consolidaros conforme al Evangelio mío y la predicación de Jesucristo: Revelación de un misterio mantenido en secreto durante siglos eternos, pero manifestado al presente, por las Escrituras que lo predicen, por disposición del Dios eterno, dado a conocer a todos los gentiles para obediencia de la fe, a Dios, el único sabio, por Jesucristo, ¡a él la gloria por los siglos de los siglos ¡ Amén!” (Rm. 16, 25- 27). Dichoso el que comprenda y obtenga sabiduría de lo notificado en la Última Profecía porque la llegada de Jesús a la Tierra está muy cerca.
Con el Apocalipsis nos encontramos en la parusía final, por eso Jesucristo desvela la acción de Satanás en el mundo. “Revelación de Jesucristo; se la concedió Dios para manifestar a sus siervos lo que ha de suceder pronto.” (Ap. 1, 1). Esta es la prueba clave que señala el tiempo que vivimos, la proximidad de los últimos días. La vida y la evolución tienen un sentido, no es puro azar. Esta vida ha sido de prueba y Satanás ha hecho de cebo, ha sido el instrumento que Dios ha utilizado para probar a los seres humanos.
Es imposible construir un mundo sin Dios, de Jesucristo procede lo genuino y lo verdadero: “Así pues, todo el que oiga estas palabras mía y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edifico su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre la roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre la arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina.” (Mt. 7, 24- 27). La roca de Jesucristo simboliza el amor, el amor no se acaba nunca ni deteriora, siempre está intacto, el amor es eterno.
Occidente ha construido la casa sobre la arena, sobre el odio, sus cimientos se tambalean. Occidente será arruinado hasta límites miserables de la noche a la mañana. “Se humillará la altivez del hombre, y se abajará la altanería humana.” (Is. 2, 7). La maldición y la desgracia han alcanzado la tierra, sobrevendrán de repente los sufrimientos y las tempestades. La era de la libertad termina con la tierra corrompida que adora la mentira. La mentira es el gran signo de este tiempo, se trabaja por la paz pero el tiempo es de guerra: en las familias, en el trabajo, en los colegios, guerra entre políticos, entre naciones y entre civilizaciones. Hoy tenemos la mayor amenaza a la paz mundial que ha conocido el planeta.
Hay dos energías en el mundo: una es la del amor cuyo referente es Dios y otra es la del odio personificada en Satanás. El odio ha activado a Satanás y el amor a Dios. Los Mandamientos de la Ley de Dios fueron entregados por Dios a Moisés: “Después de hablar con Moisés en el monto Sinaí, le dio las dos tablas del Testimonio, tablas de piedra, escritas por el dedo de Dios”. (Ex. 32, 18). En los mandamientos Dios reveló a su pueblo las normas de conducta: el amor por excelencia y como único mensaje. Dios Nuestro Señor ha demostrado su infinito amor por los hombres, a lo largo de la historia el Señor se ha manifestado, una y otra vez, ha avisado y ha advertido; dando oportunidad a todos los seres humanos, de enmendarse y de corregir su vida. “El que no ame al Señor, ¡sea maldito! (1Co. 16, 22), sentenciaba San Pablo. Se trata de una maldición dirigida al mundo entero y, además, puede afectar incluso al mismo que la pronuncia, si desobedece a Dios.
¡La Tierra está en duelo, languidece! La actuación humana al margen de las enseñanzas de Dios ha conducido al fracaso. Satanás ha conseguido apartar a la humanidad de la adoración verdadera. La situación en la que se encuentra el mundo es horrorosa y violenta. La gente que es inteligente dice: “Aquí están pasando cosas muy raras, aquí está pasando algo.” Lamentablemente, el hombre no ha llevado a cabo la labor que le ha correspondido, y el hombre y el mundo, se encuentran en una situación desesperada como predijo Isaías. La maldad y la inmoralidad existente no dejará sin respuesta a Dios: “Su mano retiene el hálito de los vivientes, el espíritu de todo ser humano.” (Jb. 12, 10). La Biblia informa y la historia afirma lo que significa desobedecer a Dios. Todos los seres humanos han sido llamados a la recuperación del hombre y del mundo con ideales de tolerancia y de paz, con el fundamento solidario y trascendente de poner al hombre al servicio del hombre, porque éste ha nacido para servir a su prójimo y no para ser servido ni vivir para sí mismo. “De la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.” (Mt. 20, 28). Pero los seres humanos se han hecho autónomos y sólo actúan por interés, por ambición, celos, odio, rencor…
“Es porque mi pueblo es necio… Criaturas necias son, faltas están de talento. Sabios son para lo malo, y tontos para lo bueno…”(Jr. 4, 22).

