:: Jesucristo

A este mundo sólo le queda ser destruido como civilización y empezar de nuevo. Pero con los mismos seres humanos volverían otra vez los mismos problemas: el materialismo y la depredación. Estamos a la espera de un cambio global a un nivel desconocido, la creación de un gobierno mundial liderado por Jesucristo. El Hijo de Dios gobernará la Tierra en compañía de sus seguidores, todos los seres humanos que libremente han elegido el amor para desenvolverse en la vida entrarán en ese Nuevo Orden. El mundo vivirá una revolución recta e impecable, un cambio integral.

Hablamos de una reconciliación universal que engloba a todos los espíritus celestes, lo mismo que a todos los hombres que han seguido a Dios. Ésto no significa la salvación de todos, sino la salvación colectiva del mundo por su vuelta al orden y a la paz en la sumisión perfecta a Dios. Los individuos que no hayan entrado en la gracia en este nuevo orden, entrarán por la fuerza en el infierno y quedarán apartados de Dios para siempre.

“Cuando salió Jesús del templo, caminaba y se le acercaron sus discípulos para mostrarle la construcción del templo. Pero él les respondió: ‘¿Veis todo esto? Yo os aseguro: No quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derruida.’ Estando luego sentado en el monte de los Olivos, se acercaron a él en privado sus discípulos, y le dijeron: “Dinos cuándo sucederá eso, y cuál será el signo de tu venida y del fin del mundo.” (Mt. 24, 1- 3).

El fin del mundo se ha iniciado con la ruina de de esta forma de vida y no hay marcha atrás. Estamos a la espera de vivir el período de gran angustia que precede a la Venida de Jesús a la Tierra. El comienzo de los dolores de Mateo 24, no se refiere a la persecución que sufrieron los cristianos en Roma bajo el mandato de Nerón, sino a la cacería a la que han de ser sometidos los cristianos impostores de nuestro tiempo. Pero es preciso que, antes del castigo a Israel (Israel es Occidente), la noticia de la llegada de Jesús a la Tierra se extenderá a todo el conjunto vital. El Apocalipsis sentencia sobre Occidente una destrucción sin precedentes. Va dirigido a las tierras de la cristiandad, a todos los judíos y cristianos que han difamado a Dios. Yahvé ya no está a favor de Israel, ahora está contra Él.

La causa del fin del mundo es por la acción divina, la fecha del fin de los tiempos estaba predestinada por Su Creador antes de la Creación. Como está escrito en Hechos de los Apóstoles 1, 6 y en Romanos 10, 8  ha llegado el “El momento que el Padre ha fijado con su propia autoridad”. (Hch. 1, 8). Ahora sus verdaderos seguidores hemos recibido esa fuerza de la que hablaba Jesucristo, el Espíritu Santo ha venido sobre nosotros y, aunque, no quieran todos los seres humanos tendrán que oír la Buena Nueva. Las profecías de Mateo 24, Lucas 17 y Marco 13 son nuestra época, aunque no agraden tienen una aureola de presciencia sobrenatural que describe con claridad la intervención de Dios ahora que es el fin del mundo. Los tres apóstoles anuncian el fin de la era presente y la llegada del Reino de Dios a la Tierra en su plenitud, cuya señal anticipada la caída de todo lo humano.

Jesucristo mencionó claramente la señal, la cual significaba el fin de los tiempos: “Es preciso que antes sea proclamada la Buena Nueva a todas las naciones.” (Mc. 13, 10). “Se proclamará esta Buena Nueva del Reino en el mundo entero, para dar testimonio a todas las naciones. Y entonces vendrá el fin.” (Mt. 24, 14). Con “El Mensaje de Dios” se cumple esta profecía, este mensaje instruye, enseña sobre lo que ha ocurrido en la Tierra y prepara a los seres humanos para vivir la última hora. Es decir, el fin de la era presente, cuya señal anticipa la caída de Occidente e Oriente y la llegada del Reino de Dios a la Tierra. ¡Dios existe! Él es el dueño y el Señor del mundo y de todos los seres humanos, su Hijo Jesucristo es el Heredero de Todo: “Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre.” (Jn. 12, 23). Dios es el creador de todas las cosas, Él es el origen de la Verdad. Dios ha creado el mundo y puede dominarlo: “Ha sometido todas las cosas bajo sus pies.” (1Co. 15, 27).

  Con San Juan Bautista, el Apóstol San Juan y San José, padre adoptivo del Hijo de Dios, los seguidores de Jesucristo somos de lágrima fácil. San Juan Bautista precursor y heraldo del Mesías, asceta y penitente, en cuerpo y alma se entregó. Su figura es conmovedora y edificante por el realismo, la humildad y el amor hacia Jesucristo. “Yo os bautizo con agua; pero está a punto de llegar el que es más fuerte que yo, a quien ni siquiera soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. En su mano tiene el bieldo para bieldar su parva: recogerá el trigo en su granero, pero quemará la paja con fuego que no se apaga.” (Lc. 3, 16- 17). San Juan nos anuncia al Hijo de Dios, con gran efusión de espíritu. Su voz alcanza toda la Tierra. Libre de ataduras, San Juan realiza la misión encomendada. ¡Impresionante, San Juan Bautista! Una piel de camello y un cinturón sus atuendos, saltamontes y miel silvestre su alimento.

Nos encontramos con dos elegidos de Dios bautizados con el mismo nombre y viviendo la misma época. Por un lado tenemos a San Juan Bautista, el Profeta más grande de todos los tiempos y, por el otro, a San Juan, hermano de Santiago el de Zebedeo, uno de los doce Apóstoles de nuestro Señor Jesucristo. El Evangelio de Marcos notifica cuando Juan y Santiago dejaron “a su padre en la barca con los jornaleros, y se fueron tras Jesús.” (Mc. 1, 20). Y, San Lucas, anuncia la concepción y el nacimiento de Juan el Bautista. Zacarías y su Santa esposa no tenían hijos: “porque Isabel era estéril, y los dos de avanzada edad… Se le apareció el ángel, de pie a la derecha del altar del incienso. Al verle Zacarías, se sobresaltó, y el temor se apoderó de él. El ángel le fijo: `No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará un hijo, a quien pondrás por nombre Juan.” (Lc. 1, 5- 13). Después de morir sus padres San Juan se fue a vivir a la naturaleza para estar más cerca de Dios: “El niño crecía y su espíritu se fortalecía y vivió en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.” (Lc. 1, 80). El Apóstol San Juan empezó a predicar la penitencia y el bautismo a orillas del río Jordán, atrayendo multitudes. Jesús mismo se hizo bautizar por él, y Juan lo reconoció como el Mesías. El Señor Nuestro Dios le había dicho a San Juan: “Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu Santo y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo.” (Jn. 1, 33). Después del Bautismo Jesús inicia la evangelización del mundo.

El Apóstol San Juan hermano de Santiago narra la vida de San Juan Bautista. San Juan comienza el Evangelio inmortalizando a San Juan Bautista: “Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz.” (Jn. 1, 6- 8). San Juan en el Jordán, anuncia la venida del Salvador, y denuncia las injusticias. San Juan Bautista da testimonio de Jesús y clama: “Este era del que yo fije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.” (Jn. 1, 15). Jesús ha llegado y San Juan Bautista tiene que dejar el camino libre al Señor. San Juan desaparece cuando el rey Herodes envía a sus guardias a “decapitar a Juan en la cárcel. Su cabeza fue traída en una bandeja y entregada a la muchacha, la cual se la llevó a su madre.” (Mt. 14, 11). La vida de San Juan Bautista es un drama que llega al corazón. Y qué decir de la Virgen María que tampoco tuvo ningún privilegio, quedó viuda joven y con su único Hijo muerto de una forma salvaje y brutal. Jesucristo, la Virgen María, los apóstoles y los santos son ejemplo para el mundo. El camino de Dios no ha sido un camino de rosas sino de espinas, había que sufrir.

Ha habido muchísimas personas interesadas en descubrir el gran enigma que creían encerraba el Evangelio de San Juan. El Evangelio de San Juan menciona de forma reiterada a un discípulo a quien Jesús amaba sin desvelar nunca su verdadero nombre. Durante la Última Cena, Jesús anuncia la traición de Judas. “En verdad en verdad os digo que unos de vosotros me entregará.” (Jn. 13, 21). Los discípulos que están sentados con Él no entienden bien de quién se trata. Es entonces cuando el «Discípulo Amado» aparece designado por primera vez: “Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la mesa al lado de Jesús. Simón Pedro le hace una seña y le dice: ‘Pregúntale de quién está hablando.’Él recostándose sobre el pecho de Jesús, le dice: “Señor, ¿quién es?’” (Jn. 13, 26). La expresión “recostarse sobre el pecho” indica afecto y unión de Jesús hacia el Apóstol sin nombre. El discípulo amado de Jesús no abandona en ningún momento ni bajo ninguna circunstancia a su Señor. La relación entre Cristo y el Padre se ha reproducido a lo largo de la historia entre Cristo y sus más fieles seguidores, que reciben sus revelaciones para comunicarlas al mundo.

El “Discípulo Amado” aparece al pie de la cruz, separado de los demás discípulos y junto a la madre de Jesús (Jn. 19, 26- 27), en el Calvario, cuando todos los demás habían desaparecido. Jesucristo muestra la suprema expresión de confianza en el discípulo amado cuando antes de morir le anuncia el cuidado de su santísima Madre, la Virgen María: “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de sus madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: ‘Mujer, ahí tienes a tu hijo.’ Luego dice al discípulo: ‘Ahí tienes a tu madre.’ Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.” (Jn. 19, 25- 27). Jesús, antes de morir hace una invitación a los cristianos para que invoquen y se acerquen a la Virgen María con confianza. En el calvario, Jesús proclama la maternidad de María como Madre espiritual de todos los creyentes representados por el discípulo amado. Los verdaderos seguidores de Jesucristo tienen a la Virgen María y cuando la invocan se benefician de su presencia.

El Nuevo Testamento narra la vida social de Jesucristo y, destaca, como emana del Señor amor fraterno hacia todos los hombres. El amor es un vínculo que une para siempre a los seres humanos, el amor es superior al vínculo de la sangre y a todo vínculo. Su fruto es la santidad. Los seres humanos que actúan por amor son perfectos y saben que Jesucristo los ama. El Apóstol San Juan demuestra ser el más fiel amigo de Jesucristo. San Juan recibió del Señor Jesucristo amistad y confianza. Por eso el Apóstol se cita a sí mismo como el discípulo a quien Jesús amaba. El discípulo amado en ningún caso puede ser otro que no sea el Apóstol San Juan, hermano de Santiago. San Bautista muere y sólo queda con vida el hermano de Santiago. El Apóstol San Juan corre con San Pedro hacia el sepulcro vacío (Jn. 20, 1-10).  Y, reconoce al Señor de lejos e indica a Pedro: “Es el Señor:” (Jn. 21, 7). Para el amor no hay distancias que impidan llegar su energía, el amor además es espontáneo e inteligente todo lo capta. San Juan amaba a Jesús con la pureza y la ternura de un ser humano transparente, que no ha estado corrompido nunca. El Apóstol San Juan, también va detrás de Jesús y Pedro cuando el Señor Jesucristo dice a Pedro que había llegado el momento de dejarlo todo y dar su vida por Él: “Pedro se vuelve y ve, siguiéndoles detrás, al discípulo a quien Jesús amaba.” (Jn. 21, 20). San Pedro estaba asustado, sabía que le esperaba una muerte violenta y sentía celos del “Discípulo Amado”, de San Juan el Apóstol. El otro “Discípulo Amado” que quedaba por identificar señala directamente a los verdaderos seguidores de Dios que queden con vida, para dar la bienvenida a Jesús cuando llegue para quedarse definitivamente en la Tierra. Ellos son ese “Discípulo Amado”, del Evangelio según San Juan. Jesús hablaba claro: “Pero Jesús no había dicho a Pedro: ‘No morirá’, sino: ‘Si quiero que se quede hasta que yo venga.’” (Jn. 21, 23). Es decir, Jesús se refiere a la ruina de este mundo y a su llegada definitiva a la Tierra.

Los verdaderos creyentes de todos los tiempos son representados por el discípulo amado: “Este es el discípulo queda testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero.” (Jn. 21, 24). La identificación de San Juan el Apóstol con el discípulo amado tiene la garantía del amor fraterno. El Evangelio según San Juan presenta a un discípulo amado del Señor, testigo ocular de los hechos que narra. El Apóstol San Juan está presente durante la vida pública de Jesús, en su muerte y después de la resurrección del Señor. San Juan el Apóstol queda para la posteridad como símbolo de lo que significa ser un verdadero cristiano. Juan va siempre junto a Pedro, lo cual no significaba que los cristianos tuvieran que estar de acuerdo con todos los papas del Vaticano. Solo había que estar con el que ha sido verdadero Apóstol y representante de Jesús en la Tierra, sólo a él había que unirse con especial amistad, como hizo el Apóstol San Juan con San Pedro. El Apóstol San Juan no calló su propio nombre, sino que daba por hecho que no era preciso mencionarlo. Él era el discípulo predilecto de Jesucristo, autor del Evangelio de San Juan y del Apocalipsis. San Juan se honró a sí mismo asignándose como “discípulo amado del Señor”. Lleno de humildad y sinceridad, el Apóstol San Juan manifiesta la preferencia de Jesús por su persona. ¿Quizás por ser el más humilde, bondadoso y joven de los Apóstoles? San Juan escribe y, también, estamos al corriente que el principal inspirador de esos escritos es el Espíritu de Dios, el Paráclito garantiza la autenticidad de aquel y de todos los testimonios que vienen de Dios.

El Señor lo ha tenido siempre muy difícil con los seres humanos, por ello se vio en la necesidad de mandar a su Hijo a la tierra. Jesús fue concebido de una forma sobrenatural y milagrosa. Él era un niño con poderes, su palabra se realizaba, Jesús en la tierra ya era totalmente divino, en Él había dos naturalezas (humana y divina) unidas en Jesús, que es de la misma naturaleza que el Padre. Sus poderes eran sobrenaturales y no estaba sujeto a limitaciones físicas, espirituales y psicológicas. Dan Brown en su libro describió a Jesús como un hombre adaptado a las exigencias de este mundo, conformista con los tiempos que corrían y permisivo en lo sexual, parecía bendecir cualquier tipo de relación. Dan Brown es un Anticristo, por eso ha arremetido contra Jesucristo, los libros que este hombre ha escrito sobre Jesús son un sacrilegio, ha habido que dejar claro que Jesús nunca estuvo casado, pues no estaba sujeto a las necesidades de la carne. El matrimonio era incompatible con su divinidad. La gente se preguntaba: “¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?” (Mc. 4, 41). Recordemos la transformación del rostro de Moisés, la belleza de su espíritu, cuando bajaba del monte, esa fue la gran prueba de que había visto a Dios. Moisés decía: “Dios no es carne sólo es Espíritu.” Jesús se presentó como Hijo de Dios porque lo era y se atribuyó poder para perdonar los pecados, hacer curaciones y liberaciones. EL Señor Jesucristo irradiaba tal energía, fuerza y poder sobrenatural que curaba a los enfermos. Sus enemigos decían: “¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen.” (Mc. 1, 26). Jesús con su poder sanó a los enfermos, a los lisiados, a los ciegos, a los sordos, a los mudos y hasta resucitó muertos. Él tenía el poder sobre el mundo y poseía la Verdad, por eso sus palabras y sus acciones molestaron, Jesús no agradó a los líderes religiosos ni a los poderosos que ejercían la esclavitud dominando a multitudes. Por hacer cumplir la voluntad de Su Padre, Jesús permitio ser perseguido, calumniado, golpeado, condenado a muerte y crucificado.

La historia narra los acontecimientos pasados que hacen referencia a hombres y a sociedades. El problema principal para la reconstrucción de la vida de Jesús se halla en la falta de documentos propiamente históricos. De Él sólo existen documentos escritos de carácter religioso, las fuentes no cristianas son prácticamente inexistentes. Para los hombres ilustres e influyentes de aquella de época, Jesús era un inconveniente y apenas si es mencionado. Plinio el Joven, en una carta del año 110, describe a los cristianos que adoraban a “Cristo”, y Suetanio habla de un Cristo que amotinó a los judíos de Roma. La primera noticia histórica de la muerte de Jesús es debida a Tácito, de quien dice que Jesús fue ajusticiado por Poncio Pilato. En pocas palabras se podría concluir que la sociedad acepta con facilidad la existencia de Aníbal, Poncio Pilato… ya que hay documentos históricos que lo atestiguan.

Durante el juicio, la declaración de Jesús ante el Sumo Sacerdote encolerizaba la sala, Jesús reconocía tajantemente que Él era el Hijo de Dios y anunciaba: “Yo puedo destruir el Santuario de Dios, y en tres días edificarlo.” (Mt. 26, 61). Jesús anunciaba su muerte y resurrección cuando decía: “Destruid este santuario y en tres días lo levantaré.” (Jn. 2, 19). “Los judíos le contestaron: ´Cuarenta y seis años se ha tardado en construir este santuario, ¿y tú lo vas a construir en tres días?` Pero él hablaba del santuario de su cuerpo.” (Jn. 19, 20), Jesucristo se refería a su resurrección. Pero Jesús, tambien anunciaba la destrucción del templo y del culto judío y su sustitución. Jesucristo proclamaba una Verdadera Iglesia, universalmente Perfecta. Con las curaciones y las liberaciones, Jesucristo tenía demostrado su poder sobre el mundo: “Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío. Fue éste a Jesús de noche y le dijo: ´Rabbíd, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar los signos que tú realizas si Dios no está con él.`” (Jn. 3, 1- 2). Jesús provenía del cielo, era sobrenatural y esto indignaba a los fariseos. La blasfemia de Jesús consistía en reivindicar Rango Divino: “Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestidos y dijo: ´¡Ha blasfemado!`… acabáis de oír la blasfemia… ´Es reo de muerte`” (Mt. 26, 65). Jesús tenía una clase de líder a la que ellos no podían llegar nunca.

Jesucristo era un ser superior que podía cambiar el mundo, por eso sus enemigos decidieron acabar con Él. Aquél suceso fue un ejemplo de la corrupción y la maldad que ha envuelto siempre a la humanidad. Él tuvo que darlo todo, absolutamente todo, hasta tuvo que ser juzgado por un tribunal humano. Jesús siendo rico se hizo pobre, se sometió a los hombres como un ser humano cualquiera por obediencia al Padre; a pesar de la persecución, escogió mantenerse íntegro ante Dios, y no presentó resistencia ni utilizó su poder para defenderse, su sometimiento a la tortura y a la muerte fue como la de un hombre normal: “El cual, siendo de condición divina, no codició el ser igual a Dios sino que se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo. Asumiendo semejanza humana y apareciendo en su porte como hombre, se rebajó a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte en cruz… (Flp. 2, 6- 9). El Hijo de Dios nació en un pesebre y por ser bueno padeció muchos sufrimientos.

Jesús murió, las autoridades judías consiguieron matarlo, ya podían dormir tranquilos pues había desparecido el que tanto molestaba. También los Apóstoles pensaban que con su muerte, todo había terminado, su muerte parecía un fracaso pero una gran sorpresa les esperaba a todos. El primer día de la semana, de madrugada,  las mujeres fueron al sepulcro y lo encontraron vacío, no estaba el cuerpo del Señor Jesús. Al tercer día Jesús resucitó y cuarenta días después de su resurrección, Él ascendió a los cielos y se presentó ante Dios como sacrificio perfecto para la liberación de la humanidad. “Se sentó a la diestra de Dios para siempre, esperando desde entonces hasta que sus enemigos sean puestos como cascabel de sus pies.” (Hb. 10, 12- 13).

Pero Jesucristo prometió el día de su ascensión a los cielos, que permanecería con sus seguidores hasta el fin de los tiempos. Jesús ha estado presente en el mundo: en la Eucaristía, en los Sacramentos, en los símbolos y en los signos que lo representan, en la oración, en el agua bendita (el agua bendita tiene propiedades divinas, tiene unas características que la hacen pura). Hemos visto rezar, o simplemente santiguarse, a toda clase de atletas en público. A ciclistas, toreros, jugadores de fútbol… se les ve competir llevando consigo una cruz o medalla protectora, hacerse la señal de la cruz antes de empezar la faena o antes de la victoria, en cualquier meta. Pero el poder de Dios para ser efectivo ha de ser requerido con fe, sin fe hagas lo que hagas no sirve de nada. El ser humano afectado por las fuerzas del mal ha debido hacer uso continuado de los sacramentos, la Eucaristía, la oración, el agua bendita y las imágenes sagradas. Jesucristo dejó todo lo necesario para mantener a Satanás, controlado, incapacitado para llevar a cabo la totalidad de sus designios, pues el diablo actúa y seguirá actuando hasta el fin de los tiempos, ya que cada día ha conseguido muchos más adeptos. La impostura religiosa de los apóstoles de hoy, es el factor que hace posible el desarrollo y la victoria de las fuerzas del mal. A los obradores de iniquidad les queda muy clara su victoria, nada interrumpe su actuación.

Al subir al cielo, el Hijo del hombre ha retornado a su lugar de origen, ha recobrado la gloria que tenía desde la Creación. Jesús es designado en la Biblia como ser Celeste, Trascendental y Divino heredero del Reino de Dios. Pero el recuerdo de la gloria de Jesucristo desapareció bruscamente con la muerte de sus Apóstoles, después de ellos nadie en el mundo ha sido capaz de dar testimonio de Jesús a un nivel tan elevado. Los discípulos más próximos a Jesús fueron dotados con el poder de Dios: “Y llamado a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia.” (Mt. 10, 1). Los discípulos de Jesús ejercían su poder en nombre de Él para dar testimonio, como lo pedía el plan divino, Jesucristo estuvo vivo y operante con los suyos.

Los sacerdotes de la Iglesia Católica no han soportado oír hablar del poder de Dios: “¡Pero qué hablas del poder de Dios!, ¡Eso no, eso no me gusta que lo digas!”, decía D. Jose Luís, sacerdote. Los que no tienen el espíritu de Dios no son de Él, por eso no le han querido, ellos han querido a un ser inútil, sin poder alguno. Pero Dios es el dueño y Señor del mundo y de los seres humanos y Jesús tiene en el cielo y en la tierra un poder sin límites que ha recibido de su Padre: “El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano.” (Jn. 3, 35). El mundo entero está bajo el poder de Jesucristo. Por voluntad del Padre: “Todo me ha sido entregado por mi Padre.” (Mt. 11, 27).Ese poder de curación y liberación era para los discípulos de Jesucristo y para ejercerlo en nombre de Él, como lo pedía el plan divino. Se ha tratado de un adelanto de la gloria de Dios ofrecida a todas las naciones. Una obra de conversión universal, larga y laboriosa que tendría que haber mostrado a Jesús siempre vivo y operante con los suyos. Los verdaderos seguidores de Dios son testigos del mundo sobrenatural y guardianes de la fe, viven en permanente vigía del reino de Dios en la Tierra.

Los Apóstoles de Jesucristo constituyen la generación de los primeros testigos que recibieron la revelación de Jesucristo. Ellos son, pues, el cimiento sobre el que se edifica su Iglesia. San Pablo notificaba: “Conforme a la gracia de Dios que me fue dada, yo, como buen arquitecto, puse el cimiento, y otro construye encima. ¡Mire cada cual cómo construye¡ Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo.”  (1 Co. 2, 10- 11). Y de forma muy clara San Pablo especificaba: “Y si uno construye sobre ese cimiento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada cual quedará al descubierto la manifestará el Día, que aparecerá con fuego. Y la calidad de la obra de cada cual, la probará el fuego. Aquel, cuya obra, construida sobre el cimiento, resista, recibirá la recompensa. Más aquél, cuya obra quede abrasada, sufrirá el castigo. Él, no obstante, quedará a salvo, pero como quién escapa del fuego.” (1Co. 3, 12- 13).  

Jesús exige confianza, para seguirle hay que renunciar a uno mismo y abandonarse a la palabra y al poder de aquel en quien se cree. Los milagros se realizan por la fe y está exige una forma de vida sacrificada y espiritual, un acto de humildad de tal envergadura al que muchos se han resistido. Incluso los mismos discípulos eran lentos en creer. San Pedro vaciló ante el escándalo de la pasión. La primera negación de Pedro fue cuando una mujer le acusaba de ser amigo de Jesucristo: “También tú estabas con Jesús el Galileo.’ Pero él lo negó delante de todos: ‘No sé qué dices.’” (Mt. 26, 69- 70). Pero Pedro después lloró amargamente y fue perdonado. San Pedro adelantaba: “Revestíos todos de humildad en vuestras mutuas relaciones, pues Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios para que, llegada la ocasión, os ensalce.” (1P. 5, 6). Paradójicamente en la humildad se halla la exaltación divina, lo que ha originado bastante confusión. Muchos vacilaron y se olvidaron de Jesucristo cuando fue crucificado. Los que no han creído en Jesús serán suplantados por paganos: “Porque ha llegado el tiempo de comenzar el juicio por la casa de Dios.  Pues si comienza por nosotros, ¿Qué fin tendrán los que no creen en el Evangelio de  Dios? Si el justo se salva a duras penas ¿en qué pararán el impío y el pecador? (P. 4, 17- 18). 

La Iglesia Católica ha hecho llamadas, utilizando para el mensaje la cita de San Mateo: “Venid a mí todos los que estáis fatigados, y yo os daré descanso… Porque que mi yugo es suave y mi carga ligera.” (Mt. 11, 28). Y también han utilizado a San Lucas: “Porque no hay nada imposible para Dios.” (Lc. 1, 37). Las palabras de Jesús son claras no dejan lugar a dudas sobre su efectividad.  “Que vengan a nuestras charlas los enfermos, los drogadictos, las personas que necesiten ayuda y todos los que quieran”, decía en el altar de una iglesia Católica una mujer haciendo profesión de su fe. Y, año tras año la gente desesperada ha ido al encuentro y ha expresado en público sus sufrimientos, creyendo que en la Iglesia Católica estaba el remedio para sus males. Pero la verdad ha sido otra muy distinta pues la persona que ha tenido depresión o alguna enfermedad mental ha sido derivada al psiquiatra o al psicólogo, y quien ha tenido otras dificultades: “tienes que aguantarte con el marido que te ha tocado”, decía el sacerdote a una mujer que tenía problemas muy serios con su esposo. El sacerdote le daba ha entender que si el Señor la había elegido tenía que resignarse, que no se podía hacer nada. ¡Serán hipócritas! Cuando han llamado a la gente han creado falsas esperanzas, sabiendo de antemano que ellos no iban a ayudar a nadie. Los seres humanos que han acudido a la Iglesia Católica atacados por las fuerzas del mal han tenido que irse totalmente decepcionados y deprimidos, sin recibir ni la ayuda ni la sabiduría que necesitaban para conocer a Dios y hacer frente al diablo. Otra cosa muy distinta ha sido para los que han vivido sin problemas, con todo poder y lujo, ellos si se han quedado en la Iglesia Católica y con muy buena acogida. Las palabras de Einstein hacen referencia a lo que ha ocurrido: “El mundo no está amenazado por las malas personas, sino por aquellos que permiten la maldad”.

Cuando los 72 discípulos regresaron de la misión que Jesús les había encomendado, llegaron felices porque los demonios se les sometían. Y Cristo les respondió: “No se alegren porque someten a los demonios; alégrense más bien porque sus nombres están escritos en el Cielo” (Lc. 10, 20). Con Jesús llegó el poder para liberar a los endemoniados y, con este poder, Jesús demostró a los hombres de fe su victoria sobre el príncipe de este mundo. Mediante el exorcismo y la liberación, se pide con autoridad, en nombre de Jesús, que una persona, una casa o un objeto sean liberados y protegidos del maligno. Los exorcismos son rituales acompañados de oración y mandatos para expulsar los demonios de una persona, objeto, animal o lugar. Las liberaciones simplemente son oraciones, invocaciones a Dios y mandatos dirigidos contra las fuerzas del mal para que abandonen a la víctima. Sólo Jesús ha enseñado y ha hecho que fuera posible la liberación del ser humano. Este poder conserva su plena validez y Jesús lo confirió a todos los que creyeran en Él. Las liberaciones y los exorcismos son efectivas con la colaboración de los familiares. El poseído es un ser anulado, desmoralizado, prácticamente destruido, incapaz en demasiados casos de decidir por sí mismo, de razonar correctamente. El poseído es un enfermo y necesita ayuda para rezar, para asistir a la Iglesia y acercarse a la Eucaristía, el poseído necesita que alguien le lleve aun exorcista y, además, debe ser continuamente alentado.

La liberación total de una persona depende del poder de la fe que ha de conseguir esa liberación y de la fuerza y el poder del obrador de iniquidad para hacer frente al poder de Dios. Y, también, del tiempo transcurrido entre el inicio de la manipulación diabólica y el comienzo de la liberación. Satanás hecha raíces, se vigoriza con el paso del tiempo, se hace grande apoderándose del ser humano en su totalidad. Al principio Satanás no actúa a todas horas sino que alterna su actuación con periodos de reposo más o menos largos. Satanás entra poco a poco en el cuerpo de su víctima sin que esta se de cuenta. Si el contagiado no ha llegado a un estado grave, a una posesión total, la persona ha podido atender sus tareas y obligaciones con una cierta normalidad. El demonio también ha podido provocar cansancio, dolores, agotamiento y todo tipo de problemas físicos y psíquicos en la persona contaminada. Si el ser humano ha sido atacado durante años o prácticamente durante toda su vida y ha conseguido sobrevivir, ha llegado al final de su existencia en un estado lamentable, desastroso e indigno; un final que no era el que Dios había preparado. El tiempo ha sido primordial, si a los primeros síntomas se ha puesto remedio y se ha trabajado, la liberación del contagiado ha sido mucho más fácil y más rápida su curación.

Con este mensaje Jesucristo se dirige al mundo: “yo, Jesús, he enviado a mi ángel para daros testimonio de lo referente a las iglesias.” (Ap.22, 16). La Iglesia cristiana, en general y, en particular, la Iglesia Católica, ha tenido en sus manos un poder totalmente eficaz: los exorcismos. El catecismo indica: “El exorcismo está dirigido a la expulsión de los demonios o a la liberación de una posesión demoníaca a través de la autoridad espiritual que Cristo confió a su Iglesia.” Este sacramental sólo han podido administrarlo los obispos o los sacerdotes con licencia. En ningún momento de los rituales ni el exorcista ni el contagiado han corrido peligro. Cuando se ha administrado el exorcismo o la liberación, el contaminado ha obtenido beneficios inmediatos. Hacer retroceder totalmente a Satanás no ha sido fácil ni rápido, ha sido muy costoso. El camino ha sido doloroso y los frutos  han sido con frecuencia demasiado lentos. El ser humano que ha acudido Dios para ser libre, ha percibido grandes frutos espirituales que han moldeado su espíritu, igual que el hierro se ha moldeado al fuego. Esto le ha hecho comprender que las pruebas dolorosas han servido para conseguir el acercamiento a Dios. Si Dios no actúa en primera persona, nada se puede hacer y los seres humanos quedan finalmente derrotados y aniquilados por Satanás.

Durante todo este tiempo los demonios han gozado de libertad para sus crueldades en la Tierra. Los demonios han poseído a hombres, mujeres y niños, las posesiones han ido acompañadas con frecuencia de enfermedades y de todo tipo de desgracias. Jesús transmite a sus discípulos el poder del exorcismo al mismo tiempo que el poder de curaciones milagrosas. En tiempos de Jesús las enfermedades se consideraban como consecuencia de un pecado cometido por los padres. Pero Jesucristo explicaba a sus Apóstoles: “Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifieste en él las obras de Dios.” (Jn. 9, 3). En el nombre de Dios sus seguidores han podido conseguir curaciones y liberacionesEl Evangelio quiere decir buena noticia y cuando hablas de Jesús la gente sale corriendo ¿Qué han hecho los apóstoles y cristianos de nuestro tiempo? Han convertido la buena noticia de Dios en una mala noticia. Jesús alivia a los hombres de sus males corporales. Todo el sufrimiento que han provocado las obradoras de iniquidad cuando han utilizado las fuerzas del mal contra sus víctimas ha podido ser evitado.

La estrategia de Jesús consistía en la curación milagrosa totalmente gratuita y la comida en común. La gente intentaba acercarse, por que de Él salía una fuerza que los curaba a todos. Él vino a instaurar la Justicia y la Paz, una equidad religiosa y económica que promovía la igualdad. Jesús establecía una forma de vida que anulaba de un plumazo las fiestas y las normas jerárquicas y patronales de la religión judía y del poder romano. Él predicaba y enseñaba un mensaje que demandaba urgentemente cambios esenciales en la forma de vida de aquellos seres humanos. Jesús no quería la revuelta contra Roma o la resistencia armada, se trataba de un movimiento pacifista, que anhelaba un cambio tranquilo y, a la vez, poderoso capaz de terminar para siempre con Roma y con la Iglesia falsa de aquella época. El poder judío y el romano entendieron perfectamente que Jesús era un ser muy poderoso y, se sentían amenazados por su presencia. De subversiva fue entendida la predicación de Jesucristo, por eso fue ejecutado.

Para explicar a los discípulos que era preciso orar siempre sin desanimarse, Jesús formuló la parábola del juez injusto que ante la insistencia de la viuda importuna decide actuar: «Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy ha hacer justicia para que deje de una vez de importunarme. Dijo, pues, el Señor: ‘Oíd lo que dice el juez injusto; pues, ¿no hará Dios justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche? ¿Les hará esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará esta fe en la tierra?” (Lc. 18, 4- 8). Lucas sabe que la situación es difícil, los seguidores del Señor están viviendo ya persecuciones por parte de sus familiares, amigos y compatriotas. En la época de Lucas la energía de Satanás se utilizaba igual que ahora. Y aunque, a veces, la respuesta se ha hecho esperar hemos seguido aclamando día y noche al Señor. El Señor Nuestro Dios ha dejado pasar el tiempo y ha puesto a prueba a los hombres que le han seguido. Sabemos por Jesús que había que tener paciencia, que tarde o temprano las suplicas y las insistencias conseguirían los objetivos. Cuando Jesús vuelva encontrará la fe sobre la tierra, sus seguidores le esperan, no se puede creer en algo que no aporta beneficios. Salir de las garras de Satanás es muy costoso, pero hemos podido tener una vida provechosa, los resultados se han conseguido con mucha paciencia y cuando se ha llegado a una fe intensa.  Para la lucha contra el diablo la única arma que hay al alcance humano es la fe, pero sin oraciones esto no es posible y, orar, no es una actividad cómoda ni divertida, orar cuesta sacrificio. Orar con fe es hoy un conocimiento casi olvidado: “No me pidas que rece, rezar no puedo”, decía una mujer cristiana.

La última parte del libro de Ezequiel presenta un plan detallado de la reconstrucción de la Iglesia de Jesucristo y la presencia de Dios de forma permanente en la Tierra. El Antiguo y el Nuevo Testamento van dirigidos a judíos y a cristiano, las Sagradas Escrituras revelan a Dios y quitan la máscara que ha tenido puesta el hombre. En Ellas se halla no solo lo que Dios ha hecho en el pasado, sino también el plan que Dios tiene preparado para el futuro de la humanidad hasta el fin del mundo que es ahora. Los sacerdotes durante la consagración del Pan y del Vino dicen que esperan: “La gloriosa Venida de Nuestro Señor Salvador Jesús”. Pero ellos lo han dicho de pasada, como aquel que ha memorizado un testo sin haber profundizado en el. Lo que menos esperaban era que Jesús volviera a la Tierra, menuda sorpresa se han llevado con el anuncio de su inmediata Venida.

El padre Ángel de “Mensajeros de la paz”, fue halagado por Nieves Herrero, Mª Antonia Iglesias y por muchos más. Y todo esto es un síntoma bastante grave ya que servir a Dios ha significado todo lo contrario. Jesús anticipaba: “El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido también os perseguirán a vosotros”. (Jn. 15, 20). Jesús anunciaba a sus discípulos el odio del mundo hacía ellos. La suerte de sus verdaderos seguidores tendría que ser idéntica a la del Maestro, y el mundo perseguiría a Jesús en ellos. D. Ángel difama cuando dice “El que me guía es la cabeza del Evangelio”. ¡Imposible que Jesús quiera que él justifique y acepte cosas que van contra las Sagradas Escrituras! D. Ángel ha sido comprensivo con Manuel Pousa, acusado de pagar un aborto y celebrar matrimonios homosexuales. Al padre Ángel le gustaría que en la Iglesia hubiera mujeres sacerdotes, ha justificado el aborto por violación y le “da igual” dar la comunión a lesbianas que viven en concubinato. Las lesbianas y los homsexuales sólo pueden comulgar si se mantien en abstinencia y castidad hasta el fin de los días. Ni él ni D. Manuel Pousa han leído la Biblia, requisito imprescindible para seguir al Señor. Por eso no saben que la vida es sagrada, y todo ser concebido tiene derecho a vivir, la vida está prohibido quitarla. Estos señores no saben que el Señor castiga con dureza la homosexualidad, y que los verdaderos seguidores de Dios tenemos que reafirmarnos sobre este tema aunque duela, aún sabiendo que muchas personas no son responsables de sus actos. Hay un pasado en muchos seres humanos de carencias educativas, afectivas y, en muchos casos de malos tratos y trastornos postraumáticos y, en consecuencia, una vida alterada e indigna que no corresponde con la que pertenece. Ellos, los sacerdotes, han sido llamados por Dios para impedir con su poder que el diablo afecte a las personas.

El Señor es estricto y había que cumplir sus mandatos a rajatabla y, también, había que trabajar para que se cumplieran. Éste es el único camino para llegar a la perfección que Dios quiere para sus seguidores. Cuando se cumplen los mandatos del Señor, se sigue a Dios y cuando no se cumplen no, no se puede estar en dos sitios a la vez. D. Ángel y D. Manuel Pousa son entonces dos sacerdotes más de todos los que hay, como aquellos sacerdotes de mentira de los que hablaba Jesucristo en Mateo 24, 4. Jesús anunciaba que se trataría de una situación que anunciaría el Juicio Final, el fin de la era presente y, por consiguiente, la Venida de Jesús a la Tierra en Plenitud. Jesús describía a las personas que seducirían al pueblo con apariencia de piedad, pero que perseguirían en el fondo fines interesados. El padre Ángel también ha traicionado a Dios, al unirse a gente que no es de Dios, por dinero.

Los falsos pastores, están condenados, en la profecía de Ezequiel Dios aparece como el verdadero Pastor de Israel. Israel representa a todos los verdaderos seguidores de Jesucristo, incluyendo a todos los que están repartidos por el mundo. Ezequiel habla de un futuro lejano que ahora llega a su cumplimiento. Después de la gran tribulación el Señor pactará la paz y asegurará la restauración de su Reino. Jesucristo se establecerá en Jerusalén y la tierra entera gozara de bendiciones sin límites bajo su poder. En Ezequiel, Jesús es “mi siervo David”. Históricamente no hay datos del cumplimiento de esta promesa para Israel y, por consiguiente, hay que esperarla de inmediato. Para la reconstrucción del Templo que ha de realizarse en breve, el Señor Nuestro Dios muestra a Ezequiel un anticipo de su gloria: “La mano de Yahvé fue sobre mí, y me llevó a la tierra de Israel, y me posó sobre un monte muy alto, en cuya cima parecía que estaba edificada una ciudad, al medio día.” (Ez. 40, 1- 2). Se trata evidentemente de Jerusalén, la Celeste, la Jerusalén del reinado de Dios en la tierra. En la Biblia Israel tiene doble significado, para Ezequiel Israel es el pueblo de Dios y, también, Jerusalén la tierra del Señor. Los cristianos verdaderos serán reunidos desde todas las naciones y gozarán para siempre de la presencia de Dios para ejecutarse las promesas en su propia Tierra, Jerusalén. Se acerca la realización de las promesas de Dios a su pueblo: “Y daré a tu descendencia todas estas tierras. Y por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la Tierra, en pago de que Abrahán me obedeció y guardó mis observancias, mis mandamientos, mis preceptos y mis instrucciones.” (Gn. 25, 4). La fe es poderosa, está demostrado.

Se ha profanado el nombre de Dios entre las naciones; pero El actuará por última vez y para siempre elevando Su Santo Nombre en la Tierra como en el cielo. Por una transformación, se impartirá un nuevo corazón y un nuevo espíritu, se purificará y se perfeccionara a todo hombre en la preparación para el pueblo de Dios. En este tiempo el Señor triunfará sobre el mundo tal como Dios a través de Ezequiel anticipa. Jesucristo será el príncipe para siempre pues Dios lo ha ordenado. En la tierra de Israel, Dios establecerá una vez más y para siempre su Santuario de forma tal, que todas las naciones conocerán que Él ha santificado y purificado a su pueblo. El mundo entero será consciente de los juicios de Dios, sus seguidores vivirán en seguridad en la tierra donde nadie tendrá miedo. No quedará ningún hombre impío, ningún impostor entre las naciones, cuando Dios vierta su Espíritu sobre ellas.

En este tiempo la gloria de Dios, retorna a su sagrado santuario y Dios habita entre su pueblo. A Ezequiel el arcángel le instruye para que observe vea y oiga, y después profetice: “Hijo de hombre, mira bien, escucha atentamente y presta atención a todo lo que te voy a mostrar, porque has sido traído aquí para que yo te lo muestre. Comunica a la casa de Israel todo lo que vas a ver.” (Ez. 40, 4). Evidentemente, con Israel, el ángel se refiere a los cristianos, a los verdaderos y, también, a los falsos. Todos verán la gloria de Dios.

La Eucaristía es el mayor milagro. La energía de Jesucristo es poderosa y milagrosa. Es el alimento espiritual y así como el cuerpo repone sus fuerzas con el alimento material, las fuerzas del alma se recuperan mediante la sagrada comunión. La Eucaristía produce efectos inmediatos, la energía de Jesucristo alimenta y fortalece el espíritu, expulsa y protege contra el ataque de la energía extraordinaria de Satanás. Jesús tiene el poder sobre el mundo y los demonios le temen saben que es capaz de arrojarlos en cualquier momento al Lago del Fuego Eterno. Los seres humanos deben agradecer a Jesucristo que haya venido y se haya presente cada día en la Tierra. Todo ello ha exigido disciplina en el uso continuado del poder completo de Dios: la Eucaristía y el uso de los símbolos divinos (la oración, el agua bendita,…). Se pone así en movimiento la energía del amor para que Jesucristo sea sacado del silencio en el que tanto tiempo se encuentra y, por medio de los hombres, se haga presente. Mediante el ritual de la Eucaristía, Jesús se hace presente y, con la comunión, entra en el cuerpo humano fortaleciendo el cuerpo y  el espíritu y liberándolo de las energías negativas. Es un escudo protector contra las fuerzas del mal, da vigor, fuerza y vida al cuerpo. Alimentar el espíritu es la mejor forma para mantenerse firme y sano. “Y vuestra alegría nadie os la podrá quitar.” (Jn. 16, 22).

La Eucaristía es el Santísimo Sacramento, es el sacramento por excelencia, el mayor bien espiritual en el mundo: Jesucristo mismo, su energía. Y para recibir la Comunión ha sido necesario tener el alma limpia de todo pecado. San Pablo dijo: “Por tanto, quién coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre del Señor.” (1Co. 11, 27). Este sacramento fue instituido por Jesucristo el día de Jueves Santo en la Última Cena cuando dijo a sus Apóstoles: “Éste es ni cuerpo que se entrega por vosotros; haced esto en recuerdo mío.”Haced esto en recuerdo mío.”(Lc. 22, 19). Alimentar el espíritu ha sido la mejor forma para mantenerse firme y sano. La Sagrada Eucaristía es alimento del cielo para el alma. En la Eucaristía está presente Jesús, por lo tanto es el Sacramento más Santo. La Eucaristía ha proporcionado una energía sobrenatural que ha aumentado la gracia y ha dado la vida eterna. Jesús dijo: “El que come  mi Carne y bebe mi Sangre, tiene vida eterna, y Yo le resucitaré el último día.” (Jn. 6, 54). Sólo los Apóstoles y sus sucesores los sacerdotes recibieron de Jesucristo el poder de celebrar la Eucaristía. Antes de la Ultima Cena Jesús dijo a los Apóstoles: “Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer; porque os digo que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios.”(Lc. 22, 15). Después de la cena: “Tomó luego pan,  dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: ‘Éste es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en recuerdo mío.’ De igual modo, después de cenar, tomó la copa, diciendo: ‘Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre, que se derrama por vosotros.’” (Lc. 22, 19- 20).

Jesucristo comienza a estar real y verdaderamente en la Eucaristía en el momento de la consagración, cuando el sacerdote dice: “Éste es mi cuerpo… Ésta es mi sangre… La hostia que antes de la consagración es sólo pan de trigo, se convierte en el cuerpo de Jesús; y el cáliz que antes de la consagración es sólo vino con unas gotas de agua, se convierte en la sangre de Jesucristo. San Juan Crisóstomo dice: “No es el hombre quien hace que las cosas ofrecidas se conviertan en Cuerpo y Sangre de Cristo, sino Cristo mismo que fue crucificado por nosotros, El sacerdote, figura de Cristo, pronuncia estas palabras, pero su eficacia y su gracia provienen de Dios. Esto es mi Cuerpo, dice. Esta palabra transforma las cosas ofrecidas.” Mediante el ritual de la Eucaristía, Jesús se hace presente y, con la comunión, entra en el cuerpo humano fortaleciendo el cuerpo y  el espíritu y liberándolo de las energías negativas. La Eucaristía ha sido un escudo protector contra las fuerzas del mal, que ha dado vigor, fuerza y vida al cuerpo. Alimentar el espíritu es la mejor forma para mantenerse firme y sano. “Y vuestra alegría nadie os la podrá quitar.” (Jn. 16, 22).

Satanás ha actuado en la Tierra con dos energías diferentes: la ordinaria y la extraordinaria. Cuando el demonio ha conseguido que el obrador de iniquidad (la persona mala), utilizara el poder del mismo Satanás, se ha llevado a cabo la actuación ordinaria. Dios ha permitido la actuación ordinaria por medio de las tentaciones, al mismo tiempo que ha concedido al ser humano todas las gracias para resistirse a ellas. “No habéis sufrido tentación superior a la medida humana.” (1Co 10, 13). De este modo el Señor ha puesto a prueba a todos los seres humanos, a los cuales juzgará en breve. Cuando el obrador de iniquidad ha conseguido hacer daño, marginar a su víctima y ha llevado a cabo conductas inhumanas, Satanás ha conseguido su actuación extraordinaria. Los obradores de iniquidad han sido los culpables de toda posesión o trastorno maléfico en los seres humanos, llegando en muchos casos a la destrucción de familias enteras. La Virgen se lamentaba a María Agreda “Contra estos ataques, Dios da su admirable protección, si el hombre tan solo cooperara y correspondiera”. La fe ha llevado a Dios, a la confianza total en su Amor y Providencia. Dios nos ama y está siempre a nuestro lado, especialmente cuando tenemos dificultades y sufrimientos, cuando lo damos todo absolutamente todo por Jesucristo.

La energía extraordinaria de Satanás es introducida en el cuerpo de la víctima en contra de su voluntad y siempre ha sido para hacer daño. Los seres humanos somos espíritu y asimilamos las energías, las energías entran en nuestro espíritu sin que podamos evitarlo. Satanás es esa energía que no tiene freno, que no controla, en esta situación sólo hay que pensar en el sufrimiento que habrán tenido y tendrán las personas inocuas, las que aman y no se han enterado de nada de lo que está ocurriendo en la Tierra. “Malvado, no aceches la casa del justo, no destruyas su morada.” (Pr. 24, 15). Manipular las fuerzas del mal ha sido en este tiempo el pan de cada día de la sociedad. “Sus pies corren al mal y se apresuran a verter sangre inocente.” (Is. 59, 7). Satán o Satanás, Lucifer, Belcebú, Belial, Asmodeo… son los demonios más poderosos y a los que el mundo ha estado invocando con fervor.

Dios ha permitido la actividad satánica para probar a todos los seres humanos, nunca se ha debido culpar por sus actos a las personas contagiadas por la energía extraordinaria del diablo. Los males corporales y las posesiones no han sido consecuencia del pecado, no han sido un castigo de Dios, la posesión ha sido una energía que ha ejercido el dominio sobre el ser humano. Satanás es energía y como tal no puede hacer nada, el diablo para ser efectivo ha de ser invocado por sus aliados. El diablo se ha servido del obrador de iniquidad para atacar a la gente, incluso a aquellas personas que han estado en gracia de Dios, de ahí los estigmas. San Pablo hablaba de sus sufrimientos: “Un ángel de Satanás que me abofetea para que no me engríe. Por este motivo tres veces rogué al Señor que se aleje de mí. Pero él me dijo: ‘Mi gracia te basta, que mi fuerza se realiza en la flaqueza’. Por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo; pues cuando soy débil, entonces es cuando soy fuerte.” (2Co. 12, 7- 10).

San Pedro advertía a los seguidores del Señor: “Sed sobrios y velad. Vuestro adversario, el diablo, ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. Resistidle firmes en la fe, sabiendo que vuestros hermanos que están en el mundo soportan los mismos sufrimientos. El Dios de toda gracia, el que os ha llamado a su eterna gloria en Jesucristo, después de breves sufrimientos, os restablecerá, afianzará, robustecerá y os consolidará.” (1P. 5, 8- 10). Jesucristo prometió a la Iglesia que las fuerzas del infierno no podrían contra ella. Esto dijo Jesús:“Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.” (Mt. 16, 18). La Iglesia, de Jesucristo es hoy y ha sido siempre cada ser humano que ha actuado por amor a Dios y al prójimo.

San Ignacio de Loyola estaba confundido por eso depositaba en la Iglesia Apostólica y Romana total fidelidad: “Alabar todos preceptos de la Iglesia, teniendo ánimo pronto para buscar razones en su defensa y en ninguna manera en su ofensa”. El Santo hablaba así muy a pesar de ser perfectamente consciente de los graves males de la Iglesia de su tiempo: “Que lo blanco que yo veo, creer que es negro, si la Iglesia jerárquica así lo determina”. Por San Ignacio de Loyola comprendemos que la santidad por sí sola no es suficiente, además de bueno hay que ser inteligente y, también valiente, con el coraje para recorrer el camino de Jesús, como está escrito en la Biblia, en solitario. Son muchos los santos que fueron perseguidos por la Iglesia de su tiempo, cuando denunciaron  situaciones con la intención de corregir y reprender. No tuvieron en cuenta las consecuencias nefastas del desprecio y la marginación.

En la Biblia hay varios ejemplos de personas poseídas o afectadas por demonios. Las Sagradas Escrituras muestran algunos de los síntomas, y hasta que punto los demonios pueden esclavizar a las personas. Jesús enseña en Cafarnaún y libera a un endemoniado: “Había en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de un demonio inmundo y se puso a gritar a grandes voces…” La liberación de una esclava poseída llevó a Pablo y a Silas a la cárcel: “Sucedió que al ir nosotros al lugar de oración, nos salió al encuentro una esclava poseída de un espíritu adivino…” (Hch. 16, 16- 18). Jesús había dotado a sus discípulos con el poder del exorcismo al mismo tiempo que el poder de curaciones milagrosas. Los Apóstoles presenciaron el poder y la gloria de Jesucristo: “Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; él expulsó a los espíritus con una palabra, y curó a todos los enfermos, para que se cumpliera lo dicho por el profeta Isaías: Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades.” (Mt. 8, 16). Jesucristo se invoca como Hijo del hombre para ordenar la curación de un endemoniado mudo: “Salían ellos todavía, cuando le presentaron un mudo endemoniado. Y expulsado el demonio, rompió a hablar el mudo. Y la gente, admirada, decía: ‘Jamás se vio cosa igual en Israel.’ Pero los fariseos decían: ‘Por el Príncipe de los demonios expulsa a los demonios.” (Mt. 9, 32- 33).  Al curar leprosos, enfermos, paralíticos, liberar endemoniados y resucitar muertos Jesús demuestra al mundo su naturaleza divina. Jesucristo ejerce tanto en la Tierra como en el cielo el poder sin límites, que ha recibido de su Padre: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra.” (Mt. 28, 18).

Jesús rescata a un endemoniado y se enfrenta con sabiduría a la difamación de los fariseos: “Entonces le fue presentado un endemoniado ciego y mudo. Y le curó, de suerte que el mudo hablaba y veía. Y toda la gente atónita decía: ‘¿No será éste el Hijo de David?.’ Más los fariseos, al o irlo, dijeron: ‘Éste no expulsa los demonios más que por Beelzebul, Príncipe de los demonios… ” (Mt. 12, 22- 24). Satanás muestra una fuerza y un poder extraordinario: “Y llegaron al otro lado del mar, a la región de los gírasenos. Apenas saltó de la barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo… pues muchas veces le habían atado con grillos y cadenas pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominar…” (Mc. 5, 1- 4). Jesús libera de las fuerzas del mal a la hija de una mujer  pagana; pero realiza la curación a distancia, por el poder de su palabra, porque no estaba permitido a un judío entrar en casa de un gentil: “Y partiendo de allí, se fue la región de Tiro, y entrando en una casa quería que nadie lo supiese, pero no logró pasar inadvertido, sino que, en seguida, habiendo oído hablar de él una mujer, cuya hija estaba hija estaba poseída de un espíritu inmundo… Volvió a su casa y encontró que la niña estaba echada en la cama y que el demonio se había ido.” (Mc. 7, 24- 30).

  Los poseídos han sido personas inocentes, han sido dominados por Satanás. El demonio ha anulado su voluntad y se ha hecho el dueño de su cuerpo. Cuando esto ha ocurrido, el ser humano no ha actuado, ha sido el diablo, Satanás ha obedecido al mandato y requerimiento del obrador de iniquidad. El hombre a pesar de haber perdido el dominio de su cuerpo, le queda el de su alma. En la siguiente cita de Marcos el Señor Jesucristo describe con inteligencia y sabiduría:

“Doctrina sobre lo puro y lo impuro. Llamó otra vez a la gente y les dijo: `Oídme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Quien tenga oídos para oír, que oiga.
Y cuando, apartándose de la gente, entró en casa, sus discípulos le preguntaban sobre la parábola. Él les dijo: ´¿Conque también vosotros estáis sin inteligencia?’ ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle, pues no entra en su corazón, sino en el vientre y va a parar al excusado?’-así declaraba puros todos los alimentos-. Y decía:” Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraudes, libertinajes, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre.” (Mc. 7, 14- 23).  

Europa reconoció a Jesús como Hijo de Dios y los europeos han debido seguir honrando al Hijo y al Padre. No ha habido lugar para Jesús en la tierra de Mahoma, allí los cristianos han estado vigilados y además en muchos lugares han tenido prohibido, bajo pena de muerte, reunirse para el culto o la oración, construir iglesias, poseer un Evangelio y por supuesto hacer apostolado. Los islamistas son paganos, no han reconocido a Jesús como Hijo de Dios, lo han rechazado. Han dicho que Obama era un musulmán encubierto, los rumores de que Obama era islámico han sido insistentes, el Presidente incluso ha llegado ha dar permiso para construir una mezquita en la zona cero. Pero Obama no es islámico, es Anticristo que sigue esa corriente moderna de todo es valido y todo el mundo es bueno. Y, además, ha declarado estar de acuerdo con el matrimonio entre personas del mismo sexo. La homosexualidad está totalmente prohibida dentro de la religión islámica. Los islamistas han asegurado que destruirían a EEUU “desde dentro.” ¿Qué tendrán pensado hacer los islámicos contra los Estados Unidos?

“La libertad religiosa está en la constitución” dicen los políticos españoles. Se ha oído decir que en algunas comunidades españolas, los ayuntamientos han estado cediendo terrenos públicos para la construcción de mezquitas. Cristina López Schlichting no estaba de acuerdo con esta situación, aunque por otro lado decía: “no somos bárbaros y no nos oponemos a que los islamistas puedan llevar a cabo su culto”. En España no ha debido existir lugar para la adoración a otros dioses. Esta Tierra es cristiana y todos los hombres han debido someterse a las normas de Jesucristo. Ahora muchos se han preguntado: ¿Dónde está Jesús? En realidad su presencia en la Tierra cristiana no ha sido evidente. Se ha visto con claridad la crueldad de un mundo en el cual no ha estado Dios.

 Jesús es el Rey entronizado por Dios a quién todos los seres humanos deben obediencia. Jesucristo inaugurará el reino de Dios definitivo y la renovación de toda la Creación. Ahora Jesús transformará la Tierra en un mundo perfecto, gracias a Jesús la verdad, la justicia y la paz tendrán un éxito rotundo…

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