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Al salir del templo, le dice uno de sus discípulos: “Maestro, mira qué piedras y qué construcciones.” Jesús le dijo: “¿Ves estas grandiosas construcciones? No quedará piedra sobre piedra que no sea derruida.” Estando luego sentado en el monte de los Olivos, frente al Templo, le preguntaron en privado Pedro, Santiago, Juan y Andrés: “Dinos cuándo sucederá eso, y cuál será la señal de que todas estas cosas están para cumplirse. Jesucristo mencionó una señal, la cual significaba el fin de los tiempos: “Es preciso que antes sea proclamada la Buena Nueva a todas las naciones.” (Mc. 13, 10). “Se proclamará esta Buena Nueva del Reino en el mundo entero, para dar testimonio a todas las naciones. Y entonces vendrá el fin.” (Mt. 24, 14). Con “El Mensaje de Dios” se cumple esta profecía, este mensaje instruye, enseña sobre lo que ha ocurrido en la Tierra y prepara a los seres humanos para vivir la ultima hora. Es decir, el fin de la era presente, cuya señal anticipa la caída de todo lo humano y la llegada del Reino de Dios a la Tierra. ¡Dios existe! Él es el dueño y el Señor del mundo y de todos los seres humanos, su Hijo Jesucristo es el Heredero de Todo: “Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre.” (Jn. 12, 23). Dios es el creador de todas las cosas, Él es el origen de la Verdad. Dios ha creado el mundo y puede dominarlo: “Ha sometido todas las cosas bajo sus pies.” (1Co. 15, 27).
Jesús fue concebido de una forma sobrenatural y milagrosa. Él era un niño con poderes, su palabra se realizaba, Jesús en la tierra ya era totalmente divino, en Él había dos naturalezas (humana y divina) unidas en Jesús que es de la misma naturaleza que el Padre. Sus poderes eran sobrenaturales y no estaba sujeto a limitaciones físicas, espirituales y psicológicas. Dan Brown en su libro describió a Jesús como un hombre adaptado a las exigencias de este mundo, conformista con los tiempos que corrían y permisivo en lo sexual, parecía bendecir cualquier tipo de relación. Esto ha sido un sacrilegio, ha habido que dejar claro que Jesús nunca estuvo casado, pues no estaba sujeto a las necesidades de la carne. El matrimonio era incompatible con su divinidad. La gente se preguntaba: “¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?” (Mc. 4, 41). Recordemos la transformación del rostro de Moisés, la belleza de su espíritu, cuando bajaba del monte, esa fue la gran prueba de que había visto a Dios. Moisés decía: “Dios no es carne sólo es Espíritu.” Jesús se presentó como Hijo de Dios porque lo era y se atribuyó poder para perdonar los pecados, hacer curaciones y liberaciones. Sus enemigos decían: “¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen.” (Mc. 1, 26). Jesús con su poder sanó a los enfermos, a los lisiados, a los ciegos, a los sordos, a los mudos y hasta resucitó muertos. Jesucristo poseía la Verdad, por eso sus palabras y sus acciones molestaron, Jesús no agradó a los líderes religiosos ni a los poderosos que ejercían la esclavitud dominando a multitudes.
Jesucristo era un ser superior que podía cambiar el mundo, por eso sus enemigos decidieron acabar con Él. Aquél suceso fue un ejemplo de la corrupción y la maldad que ha envuelto siempre a la humanidad. Él tuvo que
darlo todo, absolutamente todo, hasta tuvo que ser juzgado por un tribunal humano. Jesús siendo rico se hizo pobre, se sometió a los hombres como un ser humano cualquiera por obediencia al Padre; a pesar de la persecución, escogió mantenerse íntegro ante Dios, y no presentó resistencia ni utilizó su poder para defenderse, su sometimiento a la tortura y a la muerte fue como la de un hombre normal: “El cual, siendo de condición divina, no codició el ser igual a Dios sino que se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo. Asumiendo semejanza humana y apareciendo en su porte como hombre, se rebajó a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte en cruz… (Flp. 2, 6- 9).
Jesús murió, las autoridades judías consiguieron matarlo, ya podían dormir tranquilos pues había desparecido el que tanto molestaba. También los Apóstoles pensaban que con su muerte, todo había terminado, su muerte parecía un fracaso pero una gran sorpresa les esperaba a todos. El primer día de la semana, de madrugada, las mujeres fueron al sepulcro y lo encontraron vacío, no estaba el cuerpo del Señor Jesús. Al tercer día Jesús resucitó y cuarenta días después de su resurrección Él ascendió a los cielos y se presentó ante Dios como sacrificio perfecto para la liberación de la humanidad. “Se sentó a la diestra de Dios para siempre, esperando desde entonces hasta que sus enemigos sean puestos como cascabel de sus pies.” (Hb. 10, 12- 13).
Pero Jesucristo prometió el día de su ascensión a los cielos que permanecería con los Apóstoles hasta el fin de los tiempos. Jesús ha estado presente en el mundo: en la Eucaristía, en los Sacramentos, en los símbolos y en los signos que lo representan, en la oración, en el agua bendita (el agua bendita tiene propiedades divinas, tiene unas características que la hacen pura). Hemos visto rezar, o simplemente santiguarse, a toda clase de atletas en público. A toreros, jugadores de fútbol, ciclistas… se les ve competir llevando consigo una cruz o medalla protectora, hacerse la señal de la cruz antes de empezar la faena o antes de la victoria, en cualquier meta. Pero el poder de Dios para ser efectivo a de ser requerido con fe, sin fe agas lo que afas no sirve de nada. La Eucaristía es el Santísimo Sacramento, es el sacramento por excelencia, La Sagrada Eucaristía es el alimento del cielo para el alma el mayor bien espiritual que ha habido en el mundo: Jesucristo mismo, su energía. Y para recibir la Comunión ha sido necesario tener el alma limpia de todo pecado. San Pablo dijo: “Por tanto, quién coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre del Señor.” (1Co. 11, 27). Este sacramento fue instituido por Jesucristo el día de Jueves Santo en la Última Cena cuando dijo a sus Apóstoles: “Éste es mi cuerpo que se entrega por vosotros; haced esto en recuerdo mío.” (Lc. 22, 19): Alimentar el espíritu ha sido la mejor forma para mantenerse firme y sano.
Europa reconoció a Jesús como Hijo de Dios y los europeos han debido seguir honrando al Hijo y al Padre. No ha habido lugar para Jesús en la tierra de Mahoma, allí los cristianos han estado vigilados y además en muchos lugares han tenido prohibido, bajo pena de muerte, reunirse para el culto o la oración, construir iglesias, poseer un Evangelio y por supuesto hacer apostolado. Los islamistas son paganos, no han reconocido a Jesús como Hijo de Dios, lo han rechazado. Los rumores de que Obama es islámico son insistentes, ahora el Presidente ha dado permiso para construir una mezquita en la zona cero. Los islamistas aseguraron que destruirían a EEUU “desde dentro.” La libertad religiosa está en la constitución dicen los políticos. Se ha oído decir que en algunas comunidades españolas los ayuntamientos han estado cediendo terrenos públicos para la construcción de mezquitas. Cristina López Schlichting no estaba de acuerdo con esta situación, aunque por otro lado decía: “no somos bárbaros y no nos oponemos a que los islamistas puedan llevar a cabo su culto”. En España no ha debido existir lugar para la adoración a otros dioses. Esta Tierra es cristiana y todos los hombres han debido someterse a las normas de Jesucristo. Ahora muchos se han preguntado: ¿Dónde está Jesús? En realidad su presencia en la Tierra cristiana no ha sido evidente. Se ha visto con claridad la crueldad de un mundo en el cual no ha estado Dios. Jesús es el Rey entronizado por Dios a quién todos los seres humanos deben obediencia. Jesucristo inaugurará el reino de Dios definitivo y la renovación de toda la Creación. Ahora Jesús transformará la Tierra en un mundo perfecto, gracias a Jesús la verdad, la justicia y la paz tendrán un éxito rotundo.